Para una lectura sociopolítica de la prosa
medieval española: el caso del conde lucanor
Djoko Luis Stéphane
Kouadio, Maître de Conférences,
Université Félix
Houphouët-Boigny, djokoluiskouadio@gmail.com
Akissi Agnès
Danielle Kanga, Maître de Conférences,
Université Félix
Houphouët-Boigny, kangaagnes@yahoo.fr
Michelle Tanon Lora,
Maître-Assistante,
Université Félix
Houphouët-Boigny, tanonlora@yahoo.fr
Resumen: La Edad Media española se
caracteriza por el desarrollo de la prosa en el campo literario, bajo el
impulso de Don Juan Manuel con El conde Lucanor. Esta obra es de
hecho un condensado de cuentos y proverbios cuyo objetivo es enseñar a la
nobleza castellana en el poder en los diferentes territorios cristianos.
Inspirado en diversos cuentos multiculturales de diversos orígenes y sapientes
bíblicos, Don Juan Manuel escribe una obra en prosa que se desarrolla en torno
a una doble dinámica pedagógica: la enseñanza social y la evangelización a
través de fábulas cuyo significado moral se convierte en herramienta saludable
para el lector de su tiempo.
Palabras clave: Don Juan Manuel,
prosa, verso, narrador, cuento, Edad media, personaje, religión, política,
Península Ibérica.
Abstract: The Spanish Middle Ages is
characterized by the rise of prose in the literary field, under the impulse of
Don Juan Manuel with El conde Lucanor. This work is in fact a compendium of
proverbs whose aim was to teach the nobility in power in the different
Christian territories. Inspired by several multicultural tales of diverse
origins and the biblical Sapientaux, Don Juan Manuel produces a work in prose
that is developed around a double pedagogical dynamic: social teaching and
evangelization through fables whose moral significance becomes salutary for the
reader of his time.
Keywords: Don Juan
Manuel,prose, verse, narrator, tale, Middle Age, carácter, religión, politic,
Iberian Peninsula
Introducción
La Edad Media es un período caracterizado,
social y económicamente, por el feudalismo, y religiosamente, por el
teocentrismo. Los diferentes textos literarios que circulan en aquella época
promueven una orientación especifica, la de aconsejar y educar, de manera
general, al pueblo y, específicamente a los nobles que dirigen la sociedad
española. Dentro de los personajes ilustres de aquel periodo, aparece Don Juan
Manuel, a la vez hombre político de primer rango y promovedor de la prosa
castellana. Su obra El conde Lucanor (1335) combina prosa, proverbios y
versos para enseñar a sus contemporáneos. Es en este contexto que se inscribe
nuestro tema. Mejor dicho, ¿en qué medida, sirve de medio el cuento medieval con
motivo de educar y moralizar al lector? ¿Cuáles son los rasgos esenciales de la
obra escrita por Don Juan Manuel? La primera hipótesis que guía nuestra
reflexión es que el cuento, que mezcla prosa y versos, permite la enseñanza de
buenas actitudes sociopolíticas y religiosas. La segunda hipótesis parte de la
idea según la cual la obra literaria medieval sirve para exponer tanto la
realidad sociopolítica como la orientación religiosa que prevalecen en la
Península. El objetivo del estudio consistirá en mostrar cómo el texto medieval
manuelino se convierte en una obra ejemplar que tanto denuncia las malas
conductas como promueve los buenos comportamientos de los nobles. Así, presentaremos,
primero, el enfoque metodológico y la vida del prosista ante el contexto
socio-histórico. Luego, indicaremos que la obra tiene una rama pedagógica
sociopolítica. Al fin, pondremos de realce la vocación religiosa de El conde
Lucanor.
1. Enfoque metodológico y la vida del
prosista ante el contexto socio-histórico
Según la terminología de G. Genette (1972),
el narrador de un relato puede ser heterodiegético por no participar en la
historia que narra u homodiegético porque está involucrado en la historia. El
conde Lucanor se especifica por este juego que consiste en adoptar ambas
orientaciones del narrador. Se destaca, por lo tanto, la necesidad de tomar en
cuenta el aspecto narratológico del texto estudiado. A eso, se añade la
recurrencia de palabras que corresponden a la pedagogía sociopolítica y
religiosa; exponiendo la importancia de la temática como otra herramienta
metodológica para dominar el mensaje vinculado por el autor (M. Fumero, 2005: pp.
109-122). Se necesita también el uso de la sociocrítica en la medida en que
permite poner de relieve la sociabilidad del texto literario. En efecto,
D’une part, la socialité du texte
romanesque renvoie au hors texte, a tout ce qui fait allusion a un contexte
socio-historique reconnaissable a la lecture du roman. […]. Le texte […] renvoie
à un environnement qu’il est possible de décoder aisément. Ici, la diérèse
romanesque plonge le lecteur dans un univers référentiel bien lisible […]. D’autre
part, la notion de socialité a une dimension autarcique qui confirme
l’autonomisation de la société du roman. […]. En somme […] la sociocritique
part du texte pour en arriver à dégager sa socialité. (D. Kasimi, 2010 : p. 32).
Desde entonces, aparece la importancia de
saber cómo funciona la sociedad en tiempo de Don Juan Manuel tanto a nivel de
las mentalidades como en sus estructuras para que se refleje en su obra lo
peculiar de su época. Recuérdenos que la sociedad medieval se establece en
torno a los nobles, la Iglesia y al resto de la población. El noble señor
proporciona a los vasallos tierras o cualquier otro medio de subsistencia y
protección, y a cambio se comprometen a servirle fielmente (C. M. Reglero,
2001: pp.
113-139).
Pero esta fidelidad está acompañada por la voluntad y necesitad de recurrir al
apoyo divino para actuar en todos los dominios de la vida social, política,
intelectual y literaria como lo escribe Don Juan Manuel en el prólogo de su obra:
Dios,
que es todo bondad y que favorece las buenas obras, tengan piedad y conceda su
gracia a los que lean este libro y hagan que aproveche al cuerpo y al alma,
como El muy bien sabe que yo deseo. De lo que encontraren mal expresado no
echen la culpa más que a mi falta de entendimiento; si, por el contrario,
encontraren algo provechoso o bien escrito, agradézcanlo a Dios, inspirador de
todos los buenos dichos y buenas obras (D. J. Manuel, 1345: p. 18).
Observamos que Don Juan Manuel hace de Dios
la piedra angular de su obra literaria como signo de conversión de sus
contemporáneos. Los habitantes de la Península Ibérica viven en un contexto
socio-histórico marcado por una forma de convivencia, a veces rota, entre las
religiones judía,
musulmana
y cristiana. Los textos literarios, en aquella época, son, en general, el
reflejo de un florecimiento de escritos de los que se desprenden las diversas
ideologías, corrientes y aspiraciones de los representantes de las tres
culturas, a saber, la cristiana, musulmana, y judía, cuya coexistencia pacífica
es, en cierta medida, un señuelo (M. Peña Díaz, 2012: pp. 138-139). Pero la
preeminencia de Castilla y León sobre los demás reinos cristianos permite que
la lengua castellana se establezca como el fermento para la unidad de la Península
Ibérica, que finalmente lleva el nombre de España (F. Rodríguez Adrados, 2013:
pp. 643-655). Es la razón por la cual es importante establecer los aportes originales
de la prosa de Don Juan Manuel. Según F. Gómez (1983: p. 195), el prosista
medieval
busca
presentar su obra de la manera más original, que muestra una clara conciencia
de la autonomía lingüística del castellano y que, sobre todo, sabía lo que
hacía, con un «deliberado propósito personal —en el que se funden su ideal
artístico, sus obligaciones caballerescas de magnate laico, su simpatía por la
cultura árabe—»; esta importante serie de conclusiones carecería de verdadera
efectividad si no sirviera para la confrontación sistemática de lo expuesto con
lo que la obra supone: es decir, hay que acudir al texto, leerlo, porque es la
única manera de escapar a las generalizaciones y comprender lo que el autor
aporta a su época.
Los dos grandes representantes de la prosa
didáctica medieval son Alfonso X el Sabio y su sobrino y vasallo, el príncipe o
infante Don Juan Manuel. Aunque Don este último desempeña un papel
importantísimo en el desarrollo de la obra literaria medieval, el rey Alfonso X
(1221-1284) de Castilla y León es quien ha impulsado una nueva dinámica
científica y literaria. Como prueba, su nombre aparece al principio de muchos
textos religiosos, tratados científicos, obras históricas, composiciones
literarias en verso o prosa. Es cierto que el rey Alfonso X no es el autor, en
el sentido estricto de la palabra, de todas las obras que patrocina. Él mismo
lo reconoce en los siguientes términos:
El
rey faze un libro, non porqu’él le escriva con sus manos, mas porque compone
las razones d’él e las emienda et yegua e endersça, e muestra la manera de cómo
se deven fazer, e desí escríbelas qui él manda, pero dezimos por esta razón que
el rey faze el libro. Otrossí quando dezimos el rey faze un palacio grande o
alguna obra, non es dicho porque lo él fiziesse con sus manos, mas porque
l’mandó fazer e dio las cosas que fueron mester para ello (C. Alvar, 2019: p. 105).
El rey cristiano Alfonso X no se opone a la
divulgación de obras relacionadas con la astronomía/astrología - Libros del
saber de Astronomía-, la historia - Crónica General de España
(1272)-, y la literatura en general. Como recordatorio, Alfonso X cuenta con el
apoyo de 12 científicos judíos, árabes y cristianos que contribuyen en la redacción
de sus famosos Libros del saber de Astronomía. Su aportación política,
humanista y científica es importante para el desarrollo de la Península Ibérica
(H. Salvador, 2018: pp. 1-24). Don Juan Manuel nace en 1282 en Escalona, en la
región de Toledo, pulmón de Castilla en la época medieval. Pasa los
últimos años de su vida de retiro en el Castillo de Garcimuñoz y muere en
Córdoba en 1348. Recibe una educación digna de los hijos de los señores del
sistema feudal que estructura la vida en la Edad Media española (A. Echevarría,
2004: pp. 127-153). Formado en la corte del rey Sancho IV, que no era más que
su primo, Don Juan Manuel se convierte en un actor clave de la vida política
castellana. Sus numerosas disputas, como regente, con Alfonso XI, terminan en
1348 cuando ha sido derrotado (E. Janin, 2017). Como capitán cristiano,
participa en varias batallas religiosas, tales como las del Guadalhorce y del
Salado, realizando acciones para la reconquista del territorio hispánico
invadido desde 711 por los musulmanes (W. Segura, 2005: pp. 1-32). Don Juan
Manuel es un noble consciente de los asuntos religiosos, sociales y políticos
de su época. Es un implacable defensor de sus intereses, aunque ello signifique
entrar en conflicto con el rey de Castilla o con otros poderosos vasallos de
España. Con el modo expresivo de uno de los dos personajes clave de El conde
Lucanor, el personaje epónimo Lucanor y su consejero Patronio, el lector se
da cuenta de que la guerra forma parte de las normas en aquella época:
Patronio,
yo confió mucho en vuestro criterio [...]. Bien sabéis que yo ya no soy joven y
que nací, me crié y he vivido siempre en medios de guerras, ya con cristianos y
ya con moros, y cuando no, con los reyes, mis señores, o con mis vecinos. Aunque
siempre procuré que nunca comenzara ninguna guerra entre cristianos por culpa
mi, era inevitable que recibieran daños en estas guerras muchos inocentes (D.
J. Manuel, 1335: pp. 30-31).
Los múltiples enfrentamientos entre
cristianos o contra los musulmanes han necesitado que los dirigentes políticos
sepan administrar sus provincias y conservar buenas relaciones con otros señores.
En la óptica de asegurarse victorias, los diferentes señores deben tener buenos
consejeros como lo revela el párrafo anterior de la obra mediante la frase de
Lucano «
Patronio,
yo confió mucho en vuestro criterio » (D. J. Manuel,
1335: p. 30). Su técnica de escritura y el mensaje que divulga favorecen el
reconocimiento de Don Juan Manuel como un virtuoso de la escritura prosística
con vocación didáctica (F. Gómez, 1998: pp. 1.206-1.207). A nivel cultural,
admite en su prosa varias influencias literarias de muy diversas fuentes. Por ejemplo,
utiliza textos literarios de origen oriental, colecciones de cuentos, frases y
proverbios como Calila e Dimna y Sendebar cuyo objetivo
moralizante es incontestable:
Le
Calila e Dimna et le Sendebar sont deux recueils de contes ou exempla d’origine
orientale, traduits en castillan au milieu du XIIIe siècle sous l’autorité de
grands personnages de la cour de Castille (respectivement l’infant Alphonse,
futur Alphonse X, et son frère Fadrique). Originaires de l’Inde, mais ayant
transité par la Perse et le monde arabomusulman, ces recueils de récits
exemplaires ont pu être reçus en Occident sans qu’aucun effort particulier de
christianisation soit nécessaire: les préceptes moraux qu’ils véhiculent sont
suffisamment universels pour être acceptés tels quels, ou presque, par toutes
les civilisations qui ont accueilli ces textes. […]. On retrouve certains de
ces contes, réélaborés ou croisés avec d’autres sources, sous la plume de
grands auteurs du XIVe siècle tels don Juan Manuel et l’Archiprêtre de Hita (O.
Biaggini, 2005: pp. 1-2).
Así, la obra en prosa de Don Juan Manuel tiene
un carácter fundamentalmente didáctico. Sólo se han conservado las ocho obras
ya mencionadas y publicadas entre 1325 y 1345. El conde Lucanor se divide
en un prólogo y cinco partes de extensión desigual y contenido relativamente
diferente, aunque hay que reconocer que están unidas por un hilo conductor que
sigue siendo el intercambio entre un gran señor de la época feudal, el conde
Lucanor, y su consejero Patronio. Hemos de precisar que tres ejes principales
estructuran la obra que son respectivamente el «Libro de los
ejemplares»
que remite a la parte I, el «Libro de los proverbios» que empieza por la
parte II y termina con la parte IV y el «Tratado de doctrina» que toma en
cuenta la parte V. De manera general, se trata de una obra escrita en prosa,
mientras que, en esa época, la poesía y el teatro siguen siendo esenciales en
el panorama literario medieval (M. A. Pérez, 2013). Sin embargo, muchos investigadores
estipulan que el uso de la prosa en la península se remonta a las traducciones
latinas, realizadas por religiosos cristianos desde los siglos X y XI, de
algunos textos árabes pertenecientes al dominio científico, filosófico y
literario. Es una de las pruebas del monopolio de la Iglesia sobre la
enseñanza. Es decir que los monasterios y centros religiosos participan en la
difusión del saber en toda la Península Ibérica (E. Zaragoza, 2017: pp. 157-184).
Por ejemplo, con la publicación de la Disciplina clericalis, una
colección de cuentos de inspiración oriental de Mosé Sefardi, llamado también Pedro
Alfonso tras su conversión al cristianismo en 1106, la prosa comienza a
difundirse en la Península Ibérica a través de las numerosas traducciones de esta
obra a las lenguas locales (D. Romano 1996: pp. 367-375). Así, el siglo XIII se
caracteriza por la difusión de textos moralistas o didácticos y la obra de Don
Juan Manuel se inscribe en este contexto:
Las
partes 2a, 3a y 4a de esta obra de Don Juan Manuel constituyen un auténtico
repertorio de sentencias y aforismos medievales. Y además, en las partes 1a y
5a aparecen acá y allá unas veinte expresiones entre refranes y sentencias. […]
La mayoría de las sentencias y aforismos de las partes 2a, 3a y 4a tienen su
origen en diversas colecciones aparecidas en España durante la primera mitad
del siglo XIII, como el Bonium o Bocados de Oro y también Paridad de paridades (o
Secreto de los Secretos} y las Flores de la filosofía (J. Cantera, 1998: p. 19).
En El conde Lucanor, el autor
recopila 51 cuentos y los sitúa en el contexto de la buena relación entre un
joven noble, el conde Lucanor, y su consejero Patronio. Por el intermediario de
sus cuentos, Don Juan Manuel les enseña a los nobles la manera correcta de comportarse
en sus relaciones sociales y en la administración de sus bienes y se dirige a
los jóvenes que necesitan ser educados (M. J. Lacarra, 2015). Su técnica de
escritura sigue el mismo hilo conductor. El punto focal es que el problema
surge tan pronto como el conde Lucanor exprese su preocupación a su consejero
Patronio. Así pues, le pide consejo a él y éste le cuenta una historia
relacionada con el problema que le preocupa. El narrador le informa al lector
que el Conde aplica el consejo y que actuar de tal manera ha sido beneficioso
para él. Añade, aparte del cuento narrado por Patronio, unos versos que son
refranes y proverbios morales y sintetizan la enseñanza política y religiosa contenida
en la historia. Esto pone de relieve la doble función ideológica del narrador
manuelino que no es la única
a nivel narratológico (J. Valles, 2008). El fragmento siguiente lo demuestra:
Vos,
señor conde Lucanor, si queréis servir a Dios y desagraviarle por las ofensas
que le hayáis hecho, procurad antes de partir de vuestra tierra dejar reparados
los daños que hayáis causado y haced penitencia […]. De esta manera emularéis
el salto que dio el buen rey Ricardo de Inglaterra y su heroica acción al
desembarcar. Al conde Lucanor gustó mucho el consejo que le dio Patronio […] (D.
J. Manuel, 1335: pp. 34-35).
Las referencias interrogativas e
interjectivas hacen que el texto resulta mucho más expresivo, ya que el estado
de ánimo de Lucanor queda expuesto. Los signos de interrogación, exclamaciones
e interjecciones proporcionan información con respecto a los sentimientos del
conde y sus posibles reacciones. Existe un vocabulario que indica el tipo de
emoción de este último. Por ejemplo, en El conde Lucanor, se observa el
entusiasmo de Lucanor al oír los consejos de Patronio. Es el sentido del
excipit de los cuentos caracterizados por la focalización externa del narrador «el conde tuvo por
buen consejo este que le daba Patronio, lo puso en práctica y le fue muy bien» (D. J. Manuel, 1335: p.
60).
La conclusión de cada cuento indica bien la voluntad de aprender que se apodera
del personaje Lucanor, aconsejado sobre el buen comportamiento en la sociedad
medieval. Desde entonces, aparece la pedagogía sociopolítica de la obra.
2. Una pedagogía sociopolítica
Los cuentos pertenecen al género del
ejemplar, cuentos de contenido didáctico-moralizante, inspirados en corrientes
de pensamiento clásicas y orientales, y que tienen una amplia difusión en la
Edad Media (G. C. Cándano, 2008: pp. 213-227). Don Juan Manuel reúne la esencia
de otras tres líneas literarias fundamentales. Primero, el mester de clerecía
que es una colección de obras en versos realizadas por clérigos, con fines
didácticos. Segundo, la epopeya con los cantares de gesta presentados mediante
una forma narrativa, en verso y en castellano, con una finalidad más bien
lúdica. Tercero, escribe en prosa a partir del castellano, para que el mensaje,
más cercano a la lengua hablada, llegue más fácilmente a los destinatarios.
Significa que usa el castellano para que todos lo entiendan. Transmite su
mensaje moralizante a través de una doble narración. Se destaca el relato
intercalado en su relato principal (M. Marti, 2001: pp. 39-57). Lo que significa
que las historias que cuenta el consejero tienen un contenido moral, y a menudo
también social. Lo dice Don Juan Manuel como si fuera, sea un profesor que
enseña a sus discípulos basándose en un procedimiento científico, sea un médico
que sabe cómo curar a los enfermos de su tiempo:
Por
eso yo, don Juan, hijo del infante don Manuel y Adelantado Mayor de la frontera
del Reino de Murcia, escribí este libro con las palabras más hermosas […]. De
esta manera, con ayuda de Dios, escribiré este libro, que a los que lo lean, si
se deleitan con sus enseñanzas, y a los que, por el contrario, no las
comprendan, al leerlo, atraídos por la dulzura de su estilo, no pudiendo
tampoco dejar de leer lo provechoso que con ella se mezcla, aunque no quieran,
aprenderán, como el hígado y los demás órganos se benefician con las medicinas
que están mezcladas a las cosas que ellos prefieren (D. J. Manuel, 1335: p. 18).
No obstante, muchas de sus enseñanzas son
tan generales que no permanecen en la clase noble, sino que llegan a quienes
las leen, independientemente de su condición social. Cuando leemos El conde
Lucanor, nos damos cuenta de que los cuentos de Patronio son más bien
fábulas escritas dentro de la historia. En lugar de usar el término «fábulas», don Juan Manuel
prefiere utilizar el término «cuentos». El mérito
principal del cuento reside en la variedad de las pinturas, la delicadeza de la
broma, la vivacidad, la idoneidad del estilo y el contraste agudo de los
acontecimientos (M. J. Talavera, 2010: pp. 1-7). Pero la diferencia es que los
cuentos de El conde Lucanor no se focalizan en el elemento fantástico o
maravilloso. Transmiten directamente las concepciones políticas, ideológicas,
religiosas y sociales de Don Juan Manuel mediante el personaje Patronio. La
historia de Patronio revela los fundamentos del cuento en la obra de don Juan
Manuel. El primer elemento que llama la atención es la función de los
personajes de la obra en prosa. El papel que desempeña cada personaje sirve de
espejo para Lucanor y el lector, con el fin de reconocer, identificar y luego
rechazar los vicios de los hombres que son fuente de malestar social. Por medio
de la estructura de los cuentos, El conde Lucanor corresponde mucho más
a las fábulas. En efecto, una fábula es un relato corto en verso o prosa que
pretende dar una lección de vida mediante la moraleja :
La
fábula se construye sobre una estructura básica definida. […]. El fabulista se
mueve con mayor libertad en recursos y contenido. Sin embargo, aunque numerosos
ejemplos queden fuera de la estructura elemental, la configuración es válida y
comprende los principios técnico-literarios del género. Intervienen en la
fábula: a) Personajes. b) Acciones (actos o sucesos). c) Objetos demostrativos.
d) Moraleja (principio, precepto, axioma, tesis...). Los animales son los
personajes más abundantes, pero no los únicos […] la moraleja es la tesis de la
fábula, expresada en un juicio, precepto, observación, proverbio, conclusión,
axioma, instrucción, sentencia y otros términos próximos. El desarrollo de las
fábulas es la demostración de la tesis. La moraleja puede ser explícita o tácita
(J. C. Dido, 2009).
La moraleja que está al final o al
principio de la fábula puede ser implícita, por lo que el lector debe liberarlo
él mismo, pero también puede ser explícita como en la obra de Don Juan Manuel.
Sus cincuenta y un cuentos terminan por proverbios. Sin embargo, aunque poseen
rasgos comunes, las fábulas de Don Juan Manuel son formalmente diferentes de
las del Esopo, del francés Jean de La Fontaine, o de los españoles Tomás de
Iriarte y Félix María de Samaniego (F. Rodríguez, 2005: pp. 25-53). En la obra,
vemos que Patronio no es amigo del Conde y, por consiguiente, no puede ser su
igual. Ambos no pertenecen al mismo mundo. Más bien, Patronio es un doméstico
que depende de su amo. Su único valor reside en los buenos consejos dados que
le permiten a su señor gobernar sin dificultad su territorio (P. Rochwert-Zuili,
2011). Siempre Lucanor se dirige a su consejero diciendo «vos» y Patronio, a su
vez, responde por «Señor Conde Lucanor». El conde Lucanor se caracteriza por
el enfoque moralista. Por ejemplo, en el Cuento I . Lo que sucedió a un rey con
un ministro suyo", descubrimos cómo Patronio logra enseñarle al conde
Lucanor que la vida de los cortesanos está marcada por golpes bajos, trampas,
intrigas y mentiras traicioneras. Sus pérfidos rivales y enemigos quieren desacreditar
a un opositor potencial con el objetivo de apropiarse de su territorio o complacer
al rey. Todas las historias, del « cuento I » al « cuento LX », se presentan en
los marcos espacio-temporales de la España medieval. Además, las descripciones
oscilan entre la objetividad y la subjetividad con respecto a la expresión de
los juicios e impresiones que surgen a lo largo de la narración. La narración
moralista se realiza más a menudo en tercera persona, ya que el narrador se presenta
como testigo objetivo de los eventos que cuenta sin haber participado en ellos.
En consecuencia, forma parte de la historia y, a su vez, establece una especie
de pacto de verdad con el lector que loa al caballero digno de este nombre. Resalta
la importancia del relato:
Le
récit, comme beaucoup d’autres dans El conde Lucanor, adopte un tour
paradoxal. Il valorise finalement le chevalier le plus passif, à l’encontre du
modèle de hardiesse qui caractérise en principe l’aventure chevaleresque. De
même, la peur n’est pas ici envisagée comme le moteur de la fuite, mais comme
celui de l’attaque irréfléchie. Or, les deux sources
historiographiques que Don Juan Manuel a combinées pour écrire […] véhiculent
un système de valeurs bien différent (O.
Biaggini, 2016).
Así, el lector tiene la impresión de que
los hechos contados ocurrieron realmente y parecen compartir los sentimientos y
las aspiraciones. Es imposible dudar de la palabra y, por lo tanto, de los
consejos de Patronio, que desempeña el doble papel de narrador, insertando una
narración precisa en la historia general. Hay ejemplos en los que la narración
se realiza en tercera persona, además de la presencia de una narración en la
que hay una alternancia entre la narrativa interna y externa. En el caso de Don
Juan Manuel, vemos que estas tendencias aparecen en todos los cuentos. Además,
los cuentos o fábulas de Don Juan Manuel se caracterizan por la presencia de
varios niveles de lenguaje que se relacionan con la práctica o el ejercicio del
poder político y la gestión social a la luz del código jurídico del medioevo.
Mediante lo que dice Patronio, se destaca un orden jurídico medieval basado en
un sistema de valores que reflejan la vida cotidiana. Pues, « en este sentido, el
medioevo es una mentalidad jurídica, en donde se funden todos los campos de la
experiencia para la formación del derecho » (R. Pérez, 2004: p. 277) y Patronio
lo demuestra a su señor Lucanor que debe dirigir sin desorden su territorio.
Así, en primer lugar, el locutor Patronio opera por la magia del verbo una
afirmación que se pone en conocimiento del conde Lucanor, pero en realidad del
lector público, mediante la información sobre un fenómeno específico. Además,
hay elementos de orden público caracterizados por el orden, la justicia y el
bienestar del pueblo que siempre Lucanor tiene que buscar. Al actuar de esta
manera, podrá evitar toda forma de disturbios dentro de su territorio y
mantener buenas relaciones con sus vecinos. En caso de que haya enemigos
exteriores, Lucanor debe hacer prueba de inteligencia sea para firmar con ellos
pactos o alianzas, sea para combatir y vencerlos. Según Patronio, Lucanor debe
basar en la vida de personajes históricos cuyas acciones constituyen
referencias para poder salir victorioso:
-
Señor conde – respondió Patronio -, aunque tenéis mucha razón en lo que decís,
me gustaría que supierais lo que dijo una vez el conde Fernán González a Nuño
Laínez.
El
conde le rogó que se lo contara.
-
Señor conde – comenzó Patronio -, estando el conde Fernán González, que había
pasado muchos trabajos por defender su tierra […]. Al conde le agradó mucho lo
que Patronio le aconsejó (D. J. Manuel, 1335: p. 68).
La técnica de escritura de Don Juan Manuel
también se apoya en los medios de expresión a través del uso de muchos verbos
utilizados en primera persona y en el tiempo presente del indicativo, que en sí
mismo constituye una prueba concreta. La evocación del problema que socava al
conde Lucanor se caracteriza siempre por la fórmula que es « por el buen
entendimiento que Dios os ha dado os ruego me digáis qué es lo que os parece
que más me conviene » (D. J. Manuel, 1335: p. 77). Frente a la preocupación del
Conde Lucanor, Patronio siempre propone una solución al problema basada en un
cuento, en realidad una fábula. Aunque el narrador principal no describe al
conde y al consejero, tanto a nivel físico como psicológico, es fácil
caracterizar al primero como un joven noble, muy poco crítico, y al segundo
como un hombre maduro, probablemente un anciano, con mucha sabiduría y grandes
dotes de sentido común. Además, el narrador relata la reacción positiva del
conde Lucanor a través de la fórmula repetida a lo largo de la obra « el conde
le pidió que se lo contara » (D. J. Manuel, 1335: p. 32, p. 36, p. 42, p.
103).
Ciertamente, hay un gusto pronunciado en la escritura de Don Juan Manuel por el
acto del lenguaje indirecto con, como consecuencia, la presencia de
presuposiciones e insinuaciones que revelan la noción de lo implícito mediante
las palabras del segundo personaje-narrador que es Patronio. Por una parte,
Patronio es el narrador secundario porque intercala su relato en el del
narrador principal de la obra. Por otra parte, es personaje porque cuenta y
actúa a lo largo de la trama del cuento en El conde Lucanor. No cambia su
manera de contestar cuando a él le pide consejo Lucanor y siempre formula, más
o menos, su respuesta de la manera siguiente: «- Señor conde
Lucanor – respondió Patronio -, para hacer lo que más os conviene os convendría
saber lo que sucedió a […]» (D. J. Manuel, 1335: p. 77). Gracias a esta fórmula importante en el
proceso comunicativo.
Patronio le presenta al conde la necesidad de encontrar la solución eficaz ante
el problema planteado mediante la reflexión propia del noble cuando termine el
cuento.
Así,
al leer los cuentos, vemos que Patronio, actuando como otro narrador, se
expresa a través de una insinuación irónica que puede ser detectada desde el
contexto. Pero en realidad, estas insinuaciones se convierten en actos
explícitos, ya que el oyente se forma automáticamente una opinión basada en un
verdadero criterio que no se discute. Sin ninguna duda, la referencia a la
presunción en sus frases declarativas no se presenta como información nueva. Por
ejemplo, lo vemos en sus consejos sobre la fama. Dice: «Vos, señor conde,
pues tenéis que morir, nunca dejaréis por consejo mío de sacrificar deleites o
descanso a trabajar que os sirvan para ganar fama» (D. J. Manuel, 1335: p. 68).
El objetivo de esta técnica reposa en el deseo de Don Juan Manual de evitar cualquier
tipo de malentendido, sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto no puede
ser negado porque está arraigado en la lengua y el imaginario colectivo
español. En efecto,
Si
les présupposés se réfèrent implicitement au posé, tout en étant inscrits dans
l’énoncé, les sous-entendus s’actualisent seulement dans certaines
circonstances énonciatives caractéristiques. Ils sont en quelque
sorte en opposition par rapport aux présupposés, surtout en ce qui concerne leur
rapport au besoin d’endosser la responsabilité de l’interprétation faite par le
destinataire à partir d’un énoncé entendu. Si un présupposé peut toujours être
contesté par le locuteur, ce n’est pas le cas pour les sous-entendus (M. Skibick, 2009:
p. 144).
El siguiente pasaje relacionado, que remite
al cuento del rey tonto engañado por ladrones, nos muestra cómo el narrador y
los personajes hablan al lector de El conde Lucanor:
A
los pocos días de esto estaba unos hombros riéndose y de broma. Ocurríoseles
escribir los nombres de todos los que conocían, a un lado los valientes, a otro
los ricos, a otro los sabios y así de todas las demás cualidades. Al hacer la
lista de los tontos pusieron el primero al rey. Cuando éste lo supo los mandó
llamar y, asegurándoles que no les haría daño alguno por ello, les preguntó por
qué le habían puesto entre los tontos. Ellos contestaron que por haber dado
tanto dinero a quien no conocía (D. J. Manuel, 1335: p. 79).
Con
motivo de hacer resaltar los vínculos lógicos explícitos e implícitos, las
fábulas o cuentos de El conde Lucanor se caracterizan por la presencia
de cinco vínculos lógicos. Se trata de causa, consecuencia, oposición, adición
y alternativa. En cuanto a la causa, consecuencia y oposición, cabe señalar que
el narrador del personaje utiliza complementos y conectores circunstanciales
como conjunciones de coordinación y adverbios a nivel del enlace lógico
explícito. En cuanto al vínculo lógico implícito, sólo la yuxtaposición por la
presencia de dos puntos, punto y coma permite ver esto en el texto de Don Juan
Manuel. Así, la obra en prosa del escritor medieval presenta un verdadero marco
espacio-temporal, sin olvidar la presencia de personajes anclados en la
realidad que se expresan como les parece. Gracias a esta técnica, el efecto de
la realidad histórica da más fuerza a las palabras de Patronio como las
referencias a las ciudades o aldeas de la Península. Cita a «Burgos» dirigida por los
cristianos (D. J. Manuel, 1335: p. 68) o «Sevilla» controlada por los
musulmanes y a punto de ser invadida por el rey cristiano Don Fernando (D. J. Manuel,
1335: p.
68). A
partir de esta realidad, que se basa en personajes históricos o en animales y
objetos personificados, se producen acontecimientos que siempre aparecen bajo
el prisma de un prisma bueno/malo para difundir una moral. Es en este sentido
que en El conde Lucanor, Don Juan Manuel saca a relucir el registro
didáctico que el lector espera (A. López, 2013: pp. 268-291). Aunque la
historia es la parte de la narrativa que lleva todo el peso didáctico, el marco
circundante, en el que se sitúa el conde Lucanor y Patronio, es el que
establece su aplicación práctica a un caso concreto. La historia es universal,
el marco es particular, aunque puede generalizarse. En el caso de Don Juan
Manuel, el registro didáctico pretende ante todo educar al lector presentándole
una visión única del mundo de la Edad Media en la Península Ibérica. Las
situaciones dialogadas y la narración permiten al lector darse cuenta de que
los temas principales o preguntas candentes son abordados directamente por los
personajes de Don Juan Manuel. Las palabras de Patronio están, por un lado,
puntuadas por conectores lógicos, enumeraciones, acumulaciones, hipérboles,
metáforas y comparaciones y, por otro, puestas al servicio de ejemplos o argumentos
cuyo objetivo principal es capturar la imaginación del lector que es guiado a
lo largo de la historia.
Ce qui nous intéresse ici c’est que
l’auteur a recours à une dramaturgie narrative du conseil : pour que le conseil
surgisse du masque du déguisement, il faut que la construction d’un personnage
fictif – qui se met en scène lui-même – intensifie la mise à l’épreuve et
parvienne à susciter une prise de conscience, sorte de catharsis, qui ouvre les
yeux, qui donne à voir, autant aux personnages qu’au lecteur. Une tromperie à but
moral se déploie sous nos yeux. La morale n’est pas formulée de manière
univoque et plate, elle transparaît dans l’éclat équivoque du micro-spectacle
raconté (M. Torres, 2016).
De
ahí la importancia didáctica de la obra de Don Juan Manuel, el narrador relata
la intervención directa en su texto a través de la intromisión de las distintas
frases moralistas que cierran cada cuento: «Viendo don Juan que esta historia
era buena, la hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así» (D. J. Manuel,
1335: p. 26, p. 30, p. 40, p. 48). Esto significa que el autor de la obra en
prosa, el propio Don Juan Manuel, tiene su acción reportada por el narrador de
su propio texto. El lector asiste a una especie de duplicación que hace pasar
al autor como un simple personaje que, marcado por la historia de los diálogos
entre Patronio y el conde Lucanor, se apodera de su propia creación literaria
para penetrar mejor en ella con motivo de evangelizar, sin ninguna duda, a sus
contemporáneos. Es la razón por la cual resalta la vocación religiosa que surge
de sus varios cuentos expuestos en El conde Lucanor.
3.
La vocación religiosa de El conde Lucanor
Desde
nuestro punto de vista, el objetivo pedagógico del cuento de Don Juan Manuel traspasa
las fronteras de la pura ficción para convertirse en un código moralista a la
luz de la fe cristiana. Sus diferentes cuentos se perciben como claves de
lectura que ofrecen al lector la posibilidad de darse cuenta de la necesidad de
adherirse al proyecto educativo del autor que consiste en producir un hombre
nuevo, creyente, alejado de los vicios y capaz de discernir entre el bien y el
mal. El cuento no es más que un canal que transmite el concepto del buen
cristiano. Es en este sentido que las diferentes intervenciones de los personajes
están salpicadas de combinaciones de términos bíblicos, hiperbólicos y de
imágenes altamente valorizantes o devaluadoras que tienden a mostrar al ser
humano confrontado con el mal o el bien. El personaje Lucanor lo resume cuando
dice:
Patronio,
bien sé qué Dios me ha dado mucho más de lo que merezco y que en todas las
demás cosas sólo tengo motivos para estar muy satisfecho, pero a veces me
encuentro tan necesitado de dinero que no importaría dejar esta vida. Os pido
que me deis algún consejo para remediar esta aflicción mía (D. J. Manuel, 1335:
p. 48).
El
problema que tiene Lucanor es la constante vacilación del ser humano entre el
bien y el mal, ante la influencia del dinero y los bienes materiales. No
olvidemos que «la raíz de todos
los males es el afán de dinero, y algunos, por dejar llevarse de él, se
extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos» (Biblia de
Jerusalén, 2009: 1 Timoteo 6 versículo 10). La contradicción interna que
tormenta al personaje Lucanor simboliza al ser humano desgarrado entre el bien
y el mal, pero que, sin embargo, tiene la capacidad de decidir su orientación,
sus elecciones siempre basadas en un frío análisis de la situación. Además, el
íncipit del relato pedagógico-didáctico de Don Juan Manuel proporciona una
cierta cantidad de información. El más importante está relacionado con el juego
de preguntas y respuestas del Conde y su consejero Patronio :
Le
comte Lucanor est assailli par une interrogation souvent posée par une situation
vitale, sociale, politique, existentielle, concrète. Un jeu de poupées
russes, de mises en abyme, structure le tout. La dramatisation vient tout
d’abord de la brièveté, de la rapidité du discours narratif cadre : le
narrateur à la troisième personne, l’auteur en arrière-plan, mettent Lucanor et
Patronio rapidement face à face, avec peu de détails, et le problème, le cas
conflictuel à résoudre, est présenté (M. Torres, 2016).
En
todos los cuentos hay un escenario real que es la España medieval. En El
conde Lucanor, está escrito que la ciudad y el campo de la Península
Ibérica siguen siendo los mejores lugares para aprender de la vida a través de
experiencias individuales y colectivas para aquellos que quieren salir de los
meandros de la vida. En otras palabras, aprender sobre la vida comienza tan
pronto como te tomas la molestia de observar a tu alrededor. Pero estas
referencias al mundo rural y/o urbano no se limitan al universo cristiano, sino
que también tienen en cuenta el mundo árabe-musulmán y el judío en la gestión
del poder político:
Hubo
en Córdoba un rey llamado Alhaquen. Aunque mantenía en paz su reino, no se
esforzaba por ilustrar su nombre ni alcanzar fama, como deben hacer los buenos
reyes, que no están solo obligados a conservar lo que han heredado, sino a
acrecentarlo por medios lícitos y a esforzarse por ser en su vida muy alabados
y porque después de su muerte quede memoria de sus grandes hechos. […].
Entonces, como la mezquita de Córdoba aún no estaba acabada, le añadió todo lo
que le faltaba y la terminó. Esta es la mayor y la más hermosa de las mezquitas
que tenían los moros en España. Gracias a Dios, ahora esta convertida en
catedral de Córdoba. Fue consagrada a Nuestra Señora por el santo rey don
Fernando cuando ganó esta ciudad a los moros. Cuando el rey Alhaquen hubo
terminado la mezquita (D. J. Manuel, 1335: pp. 150-151).
El pasaje revela un
mensaje claramente resaltado: la victoria religiosa de la Iglesia Católica
sobre el islam. Pero al mismo tiempo, las victorias de los reyes cristianos
sobre los musulmanes sirven insidiosamente para glorificar su acción, cuyo
objetivo es rechazar a los musulmanes de España para perpetuar el cristianismo,
fuente de salvación para el alma. La acción del señor cristiano debe llevarse a
cabo siempre en correlación con la lucha cristiana por la salvación del alma
después de la muerte, como lo indica, por ejemplo, el párrafo siguiente:
Los moros, al
verles venir contra ellos sin temor la muerte y con tanto denuedo, no se
atrevieron a esperarlos y, desamparando el puerto, empezaron a huir. Los
cristianos, ya en el puerto, mataron a muchos que pudieron alcanzar y quedaron
victoriosos, y de esta manera prestaron a Dios un notable servicio. […]. Y si
murierais en servicio de Dios, haciendo esta vida, seréis mártir y alcanzaréis
la bienaventuranza y, aunque no muráis peleando, el deseo de ello y vuestras
buenas obras os harán mártir. […]. Ya os he dado, señor conde, como me
pedisteis, mi opinión sobre el modo de salvar el alma, según vuestro estado.
[…]. Viendo don Juan la sana doctrina de este cuento, lo mandó poner en este
libro y escribió estos versos que la sintetizan y que dicen así:
Quien se tenga por
caballero,
Debe tratar de
emular este salto,
Y no encerrarse en
un monasterio
A servir a Dios
tras muro alto (D.
J. Manuel, 1335: pp. 34-35).
El texto muestra
que Don Juan Manuel domina tanto la narrativa como la poesía. La moraleja,
presentada bajo la forma de versos, remite a la necesidad de ser buen
cristiano. El hilo conductor de muchos cuentos religiosos recuerda la profesión
de fe cristiana según la cual es a través de la sangre de Jesucristo, que murió
en la cruz pero resucitó al tercer día, que toda la humanidad se salva (A. Castaño,
2015: pp.
123-150).
Tal es la visión del escritor Don Juan Manuel quien aceptar transcribir,
siguiendo una forma mezclada de crónica narrativa y versos poéticos, la
totalidad de lo que relata Patronio. Pues, a través de las palabras y
expresiones de Patronio, brotan las ideologías religiosas y de las realidades
socio-políticas de su tiempo. La elección en la narrativa manuelina tanto del
punto de vista interno como externo crea un efecto de suspenso, sobre todo
porque el lector no tiene, a priori, ninguna información sobre la próxima trama
y, por lo tanto, se pregunta qué sucederá a continuación. El uso de la primera
y tercera personas permite al lector experimentar lo que siente Patronio, el
narrador de la narrativa intercalada. El proceso de identificación entre el
lector y el narrador es tanto más marcado cuanto que ambas historias se
presentan en forma de diario, es decir, un texto en el que los narradores se
revelan sin mentir. Del mismo modo, los diálogos entre Lucanor y Patronio, que
marcan la pauta, son seguidos de preguntas y respuestas, individuales y
colectivas, cuyo objetivo es invitar al lector a hacerse las mismas preguntas y
a adherirse a las respuestas dadas por Patronio. Así surge la característica
didáctico-pedagógica, que se manifiesta por la posición de las palabras dentro
de las frases. En primer lugar, en las frases, las palabras que designan al
personaje ávido de conocimiento, en este caso el Conde Lucanor, pueden estar en
condiciones de complementar el objeto directo del verbo. Esto demuestra,
primero, que está sujeto a la acción de Patronio, mientras que él mismo es el
amo. Segundo, se ve que el objetivo de Patronio es instruir a su poderoso señor
que, paradójicamente, manifiesta su incapacidad para gobernar adecuadamente su
territorio sin el apoyo, a través de sabios consejos, de su consejero. Por ejemplo,
en el cuento XIV, entre otros, Patronio le enseña a su señor la necesidad de
tener confianza en la intercesión de los Santos reconocidos por la Iglesia Católica
como «Santo Domingo» (D.
J. Manuel, 1335: p. 61) y leer la Biblia, sobre todo «el texto
evangélico»
(D. J.
Manuel, 1335: p. 61).
Pues, El conde Lucanor se transforma en un código filosófico-religioso.
Mediante el discurso filosófico entre Lucanor y Patronio, que remite a una
situación similar a la percepción hegeliana de las relaciones dependencia mutua
entre amo y esclavo (A. Kojève, 1947: pp. 179-180), se aplica también a la obra
de Don Juan Manuel la idea hegeliana según la cual una obra puede ser « un
viaje de descubrimiento » y « la ciencia de la experiencia de la conciencia » (R. Ribera, 1998: p. 43). Es la razón
por la cual el personaje Patronio concluye diciendo que «es mejor reunir un
tesoro de buenas obras con […] la gracia de Dios y la buena fama» (D. J. Manuel, 1335:
p. 62).
Además, la obra en prosa de don Juan Manuel está puntuado por frases
exclamatorias, interrogativas y afirmativas que ponen de relieve la técnica de
formateo utilizada por Patronio sobre Lord Lucanor, que sin duda se refiere al
campo léxico de la educación religiosa. La progresión educativa sobre el modelo
bíblico es perceptible ya que las preguntas tocan varias áreas de la fe
cristiana centradas en la persona de Lucanor y el autor Don Juan Manuel:
El
conde tuvo ésta por buena doctrina y le pidió a Dios que le ayudara a hacer
obras que salvaran sus almas y aumentara su fama, honra y dignidad. Como don
Juan vio que esta historia era buena la hizo poner en este libro y escribió
unos versos que dicen así:
Haz siempre bien y evita la ocasión
De que duden de tu buena condición (D. J.
Manuel, 1335: 174).
Don Juan Manuel sigue una progresión que no
es diferente de la técnica utilizada por los sapienciales, un grupo de libros
bíblicos caracterizados por su unidad formal y temática. En efecto, estos son
los cinco libros del Antiguo Testamento, a saber, el libro de Job, los
Proverbios, Eclesiastés, Eclesiastés, Eclesiástico y el libro de la Sabiduría.
Sin embargo, los Salmos y el Cantar de los Cantares también se incluyen en esta
categoría, marcando una forma de pensamiento semita: la formación del
discipulado a través del consejo proverbial (García 2010: 5-20). Es esta
característica del discípulo que escucha y aplica los proverbios del maestro
que hace del texto literario de Don Juan Manuel una obra similar a los libros
sapienciales, pero con la mirada a una existencia humana dirigida por
Jesucristo. En efecto,
Le disciple est d'abord quelqu'un qui a cru
en Christ. Une
personne qui, hors de tout doute, a remis sa vie à Christ. Ensuite, un disciple
est celui qui acclame Jésus non seulement comme son Sauveur, mais aussi comme
son Seigneur. […]. Conscient de ce que Christ a commandé, le nouveau converti
soumet sa volonté à celle de Dieu. Finalement un disciple est celui
qui devient un membre engagé dans son Église. Ce dernier trait est celui qui
objective les deux premiers. Il est ultimement la mesure de la véracité de la
conversion et, par le fait même, celui de la croissance (G. Marcouiller, 2017:
35).
El ejemplo más llamativo de discipulado en El
conde Lucanor aparece en el Cuento I. ¿En qué sentido? En este cuento, el
conde Lucanor habla a solas con su consejero, Patronio, y le dice a él que un
señor rico y poderoso se jacta de ser su amigo. Debido a su afecto por él, este
supuesto amigo quiere venderle sus tierras y confiarle parte de ellas para que
las administrara durante su ausencia. Lucanor, contento con tal propuesta,
estaba a punto de ceder a la atractiva propuesta, pero necesita el punto de
vista de su consejero Patronio. Sospechando una trampa, Patronio le narra al
conde Lucanor la historia de un caso muy similar basado en la relación entre un
rey y uno de sus ministros. La fábula de Patronio revela que el rey que confía
en uno de sus ministros. Pero hombres muy envidiosos, en realidad cortesanos
celosos, tratan de dañar esta buena relación con las calumnias que finalmente
logran su objetivo. De hecho, después de escuchar estas calumnias, el rey está
enojado y decide castigar al ministro supuesto infiel. Para justificar el
sospecho y el castigo, elabora un plan aconsejado por los cortesanos celosos.
El plan consiste en hacer saber al ministro la voluntad del rey de abdicar en
nombre de un imperativo religioso, el de convertirse en monje para la redención
de su alma y la expiación de sus culpas terrenales. El rey informa al ministro
que lo deje a cargo de gobernar su reino y de cuidar a la reina y al príncipe
heredero. El ministro, feliz de poder gobernar el reino a su antojo, acepta la
propuesta dentro de sí mismo, pero impulsado por una inspiración, decide
abrirse a su consejero. Este último lo convence de que rechace la propuesta,
que es una trampa tendida por cortesanos celosos. Le sugiere que se vista como
un monje e informe al rey de su voluntad de ser su sirviente durante su retiro
espiritual. Al día siguiente, totalmente disfrazado, se levanta temprano para
llamar al rey y le dice que viajará con él para servirle como lo exigen las
reglas del sistema feudal y la palabra de Dios.
Entonces el rey, conmovido por su lealtad, le hace saber que ha sido una prueba
para confirmar su lealtad, dañada por las calumnias de otros ministros.
Patronio le comenta al conde Lucanor que la misma situación se ha repetido con
la propuesta de este poderoso señor. La ventaja de este cuento fabulista radica
en el hecho de que prepara el escenario para un intercambio entre un neófito,
Lucanor, y un sabio maestro, Patronio. Es la razón por la cual Lucanor termina
adhiriéndose al consejo de Patronio. En la historia que Patronio cuenta, el
ministro insiste en su voluntad de seguir sirviendo al rey. En efecto, al
decidir optar por la vida monástica, el ministro deja claro que sólo la
decisión tomada al conocerla debe ser considerada como el camino real hacia el
fin del conocimiento. Si el rey ha decidido retirarse y huir de los deseos
terrenales, entonces el ministro, como su fiel discípulo, sólo puede seguirlo
en sus decisiones:
El
ministro le dijo que recordara que le había anunciado que se quería ir del país
y que, pues estaba decidido a ello, no quería Dios que pusiera en olvido lo que
le debía, sino que, lo mismo que hasta entonces había participado de su
grandeza y prosperidad, participara de las privaciones y del destierro que iba
a imponerse. Si a él, que era rey, padre y marido, no le daban lastima su
mujer, su hijo ni su reino, tampoco debían dársela a su ministro. Por lo cual
había resuelto irse con él y servirle de modo que nadie lo notara. Para esto
tenia tanto dinero cosido en su ropa que les bastaría por mucho que vivieran
(D. J. Manuel, 1335: p. 25).
El ministro, feliz de poder gobernar el
reino a su antojo, acepta la propuesta dentro de sí mismo, pero impulsado por
una sabia decisión, decide abrirse a su asesor. Este último lo convenció de que
rechazara la propuesta, que era una trampa tendida por cortesanos celosos. Le
sugirió que se vistiera como un monje e informara al rey de su voluntad de ser
su sirviente durante su retiro espiritual. Al día siguiente, se levantó
temprano para llamar al rey y le dijo que iba a ir con él para servirle como lo
exigen las reglas del sistema feudal. Entonces el rey, conmovido por su lealtad,
le hizo saber que era una prueba para confirmar su lealtad, dañada por las
calumnias de otros ministros. Patronio le explica al conde Lucanor que la misma
situación se repite con la propuesta de este poderoso señor. La ventaja de esta
historia radica en el hecho de que prepara el escenario para un intercambio
entre un neófito, Lucanor, y un sabio maestro, Patronio. Al igual que en este
cuento, el Conde Lucanor termina adhiriéndose a todos los consejos de Patronio.
Eso es el objetivo del uso por don Juan Manual de una técnica literaria
semejante a la de los Sapienciales:
Si
el destinatario de los Ejemplos y el de los Proverbios fuera el mismo
personaje, habría que suponer que el receptor, el público, era también el
mismo. Pero no olvidemos que, aunque el procedimiento narrativo estructural es
similar, no es, en absoluto, idéntico. El conde Lucanor ya no pregunta por la
solución de un problema concreto; es más, falta completamente la intervención
del mismo en la segunda parte. Tampoco creemos que esta segunda parte sea un
puro ejercicio lingüístico. En consecuencia, con lo dicho hasta ahora, hemos de
partir del análisis de los Proverbios, estudiar sus procedimientos expresivos,
para intentar desentrañar, en lo posible, la realización lingüística de la oscuridad
de don Juan Manuel. Ya conocemos el recurso empleado: la utilización de las
máximas sapienciales y, en menor medida, del refrán (M. Ariza, 1983: p. 13).
Así pues, El conde Lucanor posee los
rasgos de una escritura que ilumina el destino de los individuos desde la
experiencia personal, la reflexión filosófica y el arte de vivir bien según los
mandamientos divinos manifestados en la persona de Jesucristo. Los proverbios,
frases y máximas de Patronio enseñan al lector a ser capaz de cumplir con el orden
divino y le dan las claves para ser feliz evitando caer en las trampas de
posibles enemigos. Siguiendo los preceptos decretados por el sabio Patronio,
Lucanor podrá obtener una doble recompensa positiva: la de la tierra por los
honores recibidos y la de los celestiales por su entrada en el paraíso. Es
precisamente en esta perspectiva que los libros sapienciales de la Biblia están
escritos. En efecto,
La destinée des individus étant la
préoccupation dominante des sages, le problème de la rétribution avait pour eux
une importance capitale. […]. Dans les parties anciennes des
Proverbes, la sagesse, c’est-à-dire la justice, conduit nécessairement au
bonheur, et la folie, c’est-à-dire l’iniquité, mène à la ruine. C’est Dieu qui
récompense ainsi les bons et qui punit les méchants (Bible de Jérusalem, 1990: p.
658).
Don Juan Manuel opta por el referente
religioso puesto que es cristiano. El personaje clave de la obra busca siempre
explicar el origen y las consecuencias positivas de una acción orientada hacia
la única gloria de Dios y, como resultado, llega a la conclusión de la
existencia, junto a los hombres, de fuerzas sobrenaturales positivas, representadas
por los ángeles, y negativas, es decir los demonios (C. Kappler, 2004). La
propensión de Don Juan Manuel a apoyarse en referencias bíblicas y dogmas
católicos tiende a demostrar su creencia en el cristianismo. En efecto, no
olvidemos que los escritores españoles de la Edad Media transmiten los
preceptos del cristianismo para luchar contra la progresión de la fe musulmana
y judía. Para ellos, sólo debe prevalecer la religión cristiana. A partir de
los diferentes campos léxicos de redención y salvación del alma que surgen de
la obra entera, Don Juan Manuel muestra que el alma del cristiano perfecto se
eleva inevitablemente al cielo. Esto equivale a subrayar que el consejero,
siguiendo el modelo de un exorcista, le entrega a Lucanor, las armas
espirituales utilizadas por la Iglesia para derrotar a los malos espíritus. Las
evocaciones a los ángeles de Dios, a los santos mártires y a la Virgen María
son oraciones hechas a Dios y su eficacia está probada según Patronio. Además,
surge otra lectura religiosa de la obra de Don Juan Manuel por las referencias
a la verdadera fe, a la esperanza y a la práctica de la caridad que son las
tres virtudes teologales a las que todo cristiano debe aspirar (N. Martínez-Gayol,
2013: pp. 713-754). Frente a la acción negativa de sus enemigos en el espacio
peninsular, Patronio le recuerda a su señor que no debe ser molestado y asustado
porque su fe en Jesucristo le permitirá mantener su serenidad. El hecho de
poder dominar este temor fortalecerá su fe y revelará, por consiguiente, la
piedad que es consustancial al poder político y a la acción social.
Conclusión
La obra en prosa de
Don Juan Manuel sirve de medio para la enseñanza de buenas actitudes
sociopolíticas y religiosas. Desde entonces, El conde Lucanor se
convierte en una obra ejemplar que denuncia las malas conductas humanas desde
una doble perspectiva evangelizadora y sociopolítica de tal manera que «le complexe
religion-politique est unifié par le biais de la notion de société, il forme
une unité dans laquelle la société (la collectivité) et la morale, le religieux
et le politique sont unis» (H. Tyrell, 2013: p. 2). El prosista
medieval se convierte en un perceptor de sus conciudadanos. Los cuentos de Don
Juan Manuel constituyen, sin ninguna duda, una fuente importante para conocer
mejor los códigos de la España medieval. Sabe contar el vivir cotidiano de los
nobles y del papel social, histórico y religioso que deben desempeñar. Sin
embargo, su obra en prosa no se limita a la única persona del noble sino toma
en cuenta la población en sus categorías sociales por el mensaje moralizador
que revela. La innovación del escritor medieval se ve cuando, a pesar de que El
conde Lucanor se basa en la prosa propiamente dicha, surgen, con los
refranes y proverbios, un gusto por las rimas poéticas. La mezcla de narración
y versos recuerda la importancia de la canción de gesta y los mesteres de
clerecía, juglaría y cortesía. El interés del estudio de esta obra reside en la
creación de un género literario que tendrá un gran éxito en los siglos
posteriores.
Referencias
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