Revista Nº51 "LITERATURA"

 

 

Para una lectura sociopolítica de la prosa medieval española: el caso del conde lucanor

 

Djoko Luis Stéphane Kouadio, Maître de Conférences,

Université Félix Houphouët-Boigny, djokoluiskouadio@gmail.com

 

Akissi Agnès Danielle Kanga, Maître de Conférences,

Université Félix Houphouët-Boigny, kangaagnes@yahoo.fr

 

Michelle Tanon Lora, Maître-Assistante,

Université Félix Houphouët-Boigny, tanonlora@yahoo.fr

 

 

 

Resumen: La Edad Media española se caracteriza por el desarrollo de la prosa en el campo literario, bajo el impulso de Don Juan Manuel con El conde Lucanor. Esta obra es de hecho un condensado de cuentos y proverbios cuyo objetivo es enseñar a la nobleza castellana en el poder en los diferentes territorios cristianos. Inspirado en diversos cuentos multiculturales de diversos orígenes y sapientes bíblicos, Don Juan Manuel escribe una obra en prosa que se desarrolla en torno a una doble dinámica pedagógica: la enseñanza social y la evangelización a través de fábulas cuyo significado moral se convierte en herramienta saludable para el lector de su tiempo.

Palabras clave: Don Juan Manuel, prosa, verso, narrador, cuento, Edad media, personaje, religión, política, Península Ibérica.

 

Abstract: The Spanish Middle Ages is characterized by the rise of prose in the literary field, under the impulse of Don Juan Manuel with El conde Lucanor. This work is in fact a compendium of proverbs whose aim was to teach the nobility in power in the different Christian territories. Inspired by several multicultural tales of diverse origins and the biblical Sapientaux, Don Juan Manuel produces a work in prose that is developed around a double pedagogical dynamic: social teaching and evangelization through fables whose moral significance becomes salutary for the reader of his time.

Keywords: Don Juan Manuel,prose, verse, narrator, tale, Middle Age, carácter, religión, politic, Iberian Peninsula

 

 

Introducción

 

La Edad Media es un período caracterizado, social y económicamente, por el feudalismo, y religiosamente, por el teocentrismo. Los diferentes textos literarios que circulan en aquella época promueven una orientación especifica, la de aconsejar y educar, de manera general, al pueblo y, específicamente a los nobles que dirigen la sociedad española. Dentro de los personajes ilustres de aquel periodo, aparece Don Juan Manuel, a la vez hombre político de primer rango y promovedor de la prosa castellana. Su obra El conde Lucanor (1335) combina prosa, proverbios y versos para enseñar a sus contemporáneos. Es en este contexto que se inscribe nuestro tema. Mejor dicho, ¿en qué medida, sirve de medio el cuento medieval con motivo de educar y moralizar al lector? ¿Cuáles son los rasgos esenciales de la obra escrita por Don Juan Manuel? La primera hipótesis que guía nuestra reflexión es que el cuento, que mezcla prosa y versos, permite la enseñanza de buenas actitudes sociopolíticas y religiosas. La segunda hipótesis parte de la idea según la cual la obra literaria medieval sirve para exponer tanto la realidad sociopolítica como la orientación religiosa que prevalecen en la Península. El objetivo del estudio consistirá en mostrar cómo el texto medieval manuelino se convierte en una obra ejemplar que tanto denuncia las malas conductas como promueve los buenos comportamientos de los nobles. Así, presentaremos, primero, el enfoque metodológico y la vida del prosista ante el contexto socio-histórico. Luego, indicaremos que la obra tiene una rama pedagógica sociopolítica. Al fin, pondremos de realce la vocación religiosa de El conde Lucanor.

 

1. Enfoque metodológico y la vida del prosista ante el contexto socio-histórico

 

Según la terminología de G. Genette (1972), el narrador de un relato puede ser heterodiegético por no participar en la historia que narra u homodiegético porque está involucrado en la historia. El conde Lucanor se especifica por este juego que consiste en adoptar ambas orientaciones del narrador. Se destaca, por lo tanto, la necesidad de tomar en cuenta el aspecto narratológico del texto estudiado. A eso, se añade la recurrencia de palabras que corresponden a la pedagogía sociopolítica y religiosa; exponiendo la importancia de la temática como otra herramienta metodológica para dominar el mensaje vinculado por el autor (M. Fumero, 2005: pp. 109-122). Se necesita también el uso de la sociocrítica en la medida en que permite poner de relieve la sociabilidad del texto literario. En efecto,

 

D’une part, la socialité du texte romanesque renvoie au hors texte, a tout ce qui fait allusion a un contexte socio-historique reconnaissable a la lecture du roman. […]. Le texte […] renvoie à un environnement qu’il est possible de décoder aisément. Ici, la diérèse romanesque plonge le lecteur dans un univers référentiel bien lisible […]. D’autre part, la notion de socialité a une dimension autarcique qui confirme l’autonomisation de la société du roman. […]. En somme […] la sociocritique part du texte pour en arriver à dégager sa socialité. (D. Kasimi, 2010 : p. 32).

 

Desde entonces, aparece la importancia de saber cómo funciona la sociedad en tiempo de Don Juan Manuel tanto a nivel de las mentalidades como en sus estructuras para que se refleje en su obra lo peculiar de su época. Recuérdenos que la sociedad medieval se establece en torno a los nobles, la Iglesia y al resto de la población. El noble señor proporciona a los vasallos tierras o cualquier otro medio de subsistencia y protección, y a cambio se comprometen a servirle fielmente (C. M. Reglero, 2001: pp. 113-139). Pero esta fidelidad está acompañada por la voluntad y necesitad de recurrir al apoyo divino para actuar en todos los dominios de la vida social, política, intelectual y literaria como lo escribe Don Juan Manuel en el prólogo de su obra:

 

Dios, que es todo bondad y que favorece las buenas obras, tengan piedad y conceda su gracia a los que lean este libro y hagan que aproveche al cuerpo y al alma, como El muy bien sabe que yo deseo. De lo que encontraren mal expresado no echen la culpa más que a mi falta de entendimiento; si, por el contrario, encontraren algo provechoso o bien escrito, agradézcanlo a Dios, inspirador de todos los buenos dichos y buenas obras (D. J. Manuel, 1345: p. 18).

 

Observamos que Don Juan Manuel hace de Dios la piedra angular de su obra literaria como signo de conversión de sus contemporáneos. Los habitantes de la Península Ibérica viven en un contexto socio-histórico marcado por una forma de convivencia, a veces rota, entre las religiones judía[1], musulmana[2] y cristiana. Los textos literarios, en aquella época, son, en general, el reflejo de un florecimiento de escritos de los que se desprenden las diversas ideologías, corrientes y aspiraciones de los representantes de las tres culturas, a saber, la cristiana, musulmana, y judía, cuya coexistencia pacífica es, en cierta medida, un señuelo (M. Peña Díaz, 2012: pp. 138-139). Pero la preeminencia de Castilla y León sobre los demás reinos cristianos permite que la lengua castellana se establezca como el fermento para la unidad de la Península Ibérica, que finalmente lleva el nombre de España (F. Rodríguez Adrados, 2013: pp. 643-655). Es la razón por la cual es importante establecer los aportes originales de la prosa de Don Juan Manuel. Según F. Gómez (1983: p. 195), el prosista medieval

 

busca presentar su obra de la manera más original, que muestra una clara conciencia de la autonomía lingüística del castellano y que, sobre todo, sabía lo que hacía, con un «deliberado propósito personal —en el que se funden su ideal artístico, sus obligaciones caballerescas de magnate laico, su simpatía por la cultura árabe—»; esta importante serie de conclusiones carecería de verdadera efectividad si no sirviera para la confrontación sistemática de lo expuesto con lo que la obra supone: es decir, hay que acudir al texto, leerlo, porque es la única manera de escapar a las generalizaciones y comprender lo que el autor aporta a su época.

 

Los dos grandes representantes de la prosa didáctica medieval son Alfonso X el Sabio y su sobrino y vasallo[3], el príncipe o infante Don Juan Manuel. Aunque Don este último desempeña un papel importantísimo en el desarrollo de la obra literaria medieval, el rey Alfonso X (1221-1284) de Castilla y León es quien ha impulsado una nueva dinámica científica y literaria. Como prueba, su nombre aparece al principio de muchos textos religiosos, tratados científicos, obras históricas, composiciones literarias en verso o prosa. Es cierto que el rey Alfonso X no es el autor, en el sentido estricto de la palabra, de todas las obras que patrocina. Él mismo lo reconoce en los siguientes términos:

 

El rey faze un libro, non porqu’él le escriva con sus manos, mas porque compone las razones d’él e las emienda et yegua e endersça, e muestra la manera de cómo se deven fazer, e desí escríbelas qui él manda, pero dezimos por esta razón que el rey faze el libro. Otrossí quando dezimos el rey faze un palacio grande o alguna obra, non es dicho porque lo él fiziesse con sus manos, mas porque l’mandó fazer e dio las cosas que fueron mester para ello (C. Alvar, 2019: p. 105).

 

El rey cristiano Alfonso X no se opone a la divulgación de obras relacionadas con la astronomía/astrología - Libros del saber de Astronomía-, la historia - Crónica General de España (1272)-, y la literatura en general. Como recordatorio, Alfonso X cuenta con el apoyo de 12 científicos judíos, árabes y cristianos que contribuyen en la redacción de sus famosos Libros del saber de Astronomía. Su aportación política, humanista y científica es importante para el desarrollo de la Península Ibérica (H. Salvador, 2018: pp. 1-24). Don Juan Manuel nace en 1282 en Escalona, en la región de Toledo, pulmón de Castilla en la época medieval[4]. Pasa los últimos años de su vida de retiro en el Castillo de Garcimuñoz y muere en Córdoba en 1348. Recibe una educación digna de los hijos de los señores del sistema feudal que estructura la vida en la Edad Media española (A. Echevarría, 2004: pp. 127-153). Formado en la corte del rey Sancho IV, que no era más que su primo, Don Juan Manuel se convierte en un actor clave de la vida política castellana. Sus numerosas disputas, como regente, con Alfonso XI, terminan en 1348 cuando ha sido derrotado (E. Janin, 2017). Como capitán cristiano, participa en varias batallas religiosas, tales como las del Guadalhorce y del Salado, realizando acciones para la reconquista del territorio hispánico invadido desde 711 por los musulmanes (W. Segura, 2005: pp. 1-32). Don Juan Manuel es un noble consciente de los asuntos religiosos, sociales y políticos de su época. Es un implacable defensor de sus intereses, aunque ello signifique entrar en conflicto con el rey de Castilla o con otros poderosos vasallos de España. Con el modo expresivo de uno de los dos personajes clave de El conde Lucanor, el personaje epónimo Lucanor y su consejero Patronio, el lector se da cuenta de que la guerra forma parte de las normas en aquella época:

 

Patronio, yo confió mucho en vuestro criterio [...]. Bien sabéis que yo ya no soy joven y que nací, me crié y he vivido siempre en medios de guerras, ya con cristianos y ya con moros, y cuando no, con los reyes, mis señores, o con mis vecinos.  Aunque siempre procuré que nunca comenzara ninguna guerra entre cristianos por culpa mi, era inevitable que recibieran daños en estas guerras muchos inocentes (D. J. Manuel, 1335: pp. 30-31).

 

Los múltiples enfrentamientos entre cristianos o contra los musulmanes han necesitado que los dirigentes políticos sepan administrar sus provincias y conservar buenas relaciones con otros señores. En la óptica de asegurarse victorias, los diferentes señores deben tener buenos consejeros como lo revela el párrafo anterior de la obra mediante la frase de Lucano « Patronio, yo confió mucho en vuestro criterio » (D. J. Manuel, 1335: p. 30). Su técnica de escritura y el mensaje que divulga favorecen el reconocimiento de Don Juan Manuel como un virtuoso de la escritura prosística con vocación didáctica (F. Gómez, 1998: pp. 1.206-1.207). A nivel cultural, admite en su prosa varias influencias literarias de muy diversas fuentes[5]. Por ejemplo, utiliza textos literarios de origen oriental, colecciones de cuentos, frases y proverbios como Calila e Dimna y Sendebar cuyo objetivo moralizante es incontestable:

 

Le Calila e Dimna et le Sendebar sont deux recueils de contes ou exempla d’origine orientale, traduits en castillan au milieu du XIIIe siècle sous l’autorité de grands personnages de la cour de Castille (respectivement l’infant Alphonse, futur Alphonse X, et son frère Fadrique). Originaires de l’Inde, mais ayant transité par la Perse et le monde arabomusulman, ces recueils de récits exemplaires ont pu être reçus en Occident sans qu’aucun effort particulier de christianisation soit nécessaire: les préceptes moraux qu’ils véhiculent sont suffisamment universels pour être acceptés tels quels, ou presque, par toutes les civilisations qui ont accueilli ces textes. […]. On retrouve certains de ces contes, réélaborés ou croisés avec d’autres sources, sous la plume de grands auteurs du XIVe siècle tels don Juan Manuel et l’Archiprêtre de Hita (O. Biaggini, 2005: pp. 1-2).

 

Así, la obra en prosa de Don Juan Manuel tiene un carácter fundamentalmente didáctico. Sólo se han conservado las ocho obras ya mencionadas y publicadas entre 1325 y 1345. El conde Lucanor se divide en un prólogo y cinco partes de extensión desigual y contenido relativamente diferente, aunque hay que reconocer que están unidas por un hilo conductor que sigue siendo el intercambio entre un gran señor de la época feudal, el conde Lucanor, y su consejero Patronio. Hemos de precisar que tres ejes principales estructuran la obra que son respectivamente el «Libro de los ejemplares» que remite a la parte I, el «Libro de los proverbios» que empieza por la parte II y termina con la parte IV y el «Tratado de doctrina» que toma en cuenta la parte V. De manera general, se trata de una obra escrita en prosa, mientras que, en esa época, la poesía y el teatro siguen siendo esenciales en el panorama literario medieval (M. A. Pérez, 2013). Sin embargo, muchos investigadores estipulan que el uso de la prosa en la península se remonta a las traducciones latinas, realizadas por religiosos cristianos desde los siglos X y XI, de algunos textos árabes pertenecientes al dominio científico, filosófico y literario. Es una de las pruebas del monopolio de la Iglesia sobre la enseñanza. Es decir que los monasterios y centros religiosos participan en la difusión del saber en toda la Península Ibérica (E. Zaragoza, 2017: pp. 157-184). Por ejemplo, con la publicación de la Disciplina clericalis, una colección de cuentos de inspiración oriental de Mosé Sefardi, llamado también Pedro Alfonso tras su conversión al cristianismo en 1106, la prosa comienza a difundirse en la Península Ibérica a través de las numerosas traducciones de esta obra a las lenguas locales (D. Romano 1996: pp. 367-375). Así, el siglo XIII se caracteriza por la difusión de textos moralistas o didácticos y la obra de Don Juan Manuel se inscribe en este contexto:

 

Las partes 2a, 3a y 4a de esta obra de Don Juan Manuel constituyen un auténtico repertorio de sentencias y aforismos medievales. Y además, en las partes 1a y 5a aparecen acá y allá unas veinte expresiones entre refranes y sentencias. […] La mayoría de las sentencias y aforismos de las partes 2a, 3a y 4a tienen su origen en diversas colecciones aparecidas en España durante la primera mitad del siglo XIII, como el Bonium o Bocados de Oro y también Paridad de paridades (o Secreto de los Secretos} y las Flores de la filosofía (J. Cantera, 1998: p. 19).

 

En El conde Lucanor, el autor recopila 51 cuentos y los sitúa en el contexto de la buena relación entre un joven noble, el conde Lucanor, y su consejero Patronio. Por el intermediario de sus cuentos, Don Juan Manuel les enseña a los nobles la manera correcta de comportarse en sus relaciones sociales y en la administración de sus bienes y se dirige a los jóvenes que necesitan ser educados (M. J. Lacarra, 2015). Su técnica de escritura sigue el mismo hilo conductor. El punto focal es que el problema surge tan pronto como el conde Lucanor exprese su preocupación a su consejero Patronio. Así pues, le pide consejo a él y éste le cuenta una historia relacionada con el problema que le preocupa. El narrador le informa al lector que el Conde aplica el consejo y que actuar de tal manera ha sido beneficioso para él. Añade, aparte del cuento narrado por Patronio, unos versos que son refranes y proverbios morales y sintetizan la enseñanza política y religiosa contenida en la historia. Esto pone de relieve la doble función ideológica del narrador manuelino[6] que no es la única a nivel narratológico (J. Valles, 2008). El fragmento siguiente lo demuestra:

 

Vos, señor conde Lucanor, si queréis servir a Dios y desagraviarle por las ofensas que le hayáis hecho, procurad antes de partir de vuestra tierra dejar reparados los daños que hayáis causado y haced penitencia […]. De esta manera emularéis el salto que dio el buen rey Ricardo de Inglaterra y su heroica acción al desembarcar. Al conde Lucanor gustó mucho el consejo que le dio Patronio […] (D. J. Manuel, 1335: pp. 34-35).

 

Las referencias interrogativas e interjectivas hacen que el texto resulta mucho más expresivo, ya que el estado de ánimo de Lucanor queda expuesto. Los signos de interrogación, exclamaciones e interjecciones proporcionan información con respecto a los sentimientos del conde y sus posibles reacciones. Existe un vocabulario que indica el tipo de emoción de este último. Por ejemplo, en El conde Lucanor, se observa el entusiasmo de Lucanor al oír los consejos de Patronio. Es el sentido del excipit de los cuentos caracterizados por la focalización externa del narrador «el conde tuvo por buen consejo este que le daba Patronio, lo puso en práctica y le fue muy bien» (D. J. Manuel, 1335: p. 60). La conclusión de cada cuento indica bien la voluntad de aprender que se apodera del personaje Lucanor, aconsejado sobre el buen comportamiento en la sociedad medieval. Desde entonces, aparece la pedagogía sociopolítica de la obra.

 

2. Una pedagogía sociopolítica

 

Los cuentos pertenecen al género del ejemplar, cuentos de contenido didáctico-moralizante, inspirados en corrientes de pensamiento clásicas y orientales, y que tienen una amplia difusión en la Edad Media (G. C. Cándano, 2008: pp. 213-227). Don Juan Manuel reúne la esencia de otras tres líneas literarias fundamentales. Primero, el mester de clerecía que es una colección de obras en versos realizadas por clérigos, con fines didácticos. Segundo, la epopeya con los cantares de gesta presentados mediante una forma narrativa, en verso y en castellano, con una finalidad más bien lúdica. Tercero, escribe en prosa a partir del castellano, para que el mensaje, más cercano a la lengua hablada, llegue más fácilmente a los destinatarios. Significa que usa el castellano para que todos lo entiendan. Transmite su mensaje moralizante a través de una doble narración. Se destaca el relato intercalado en su relato principal (M. Marti, 2001: pp. 39-57). Lo que significa que las historias que cuenta el consejero tienen un contenido moral, y a menudo también social. Lo dice Don Juan Manuel como si fuera, sea un profesor que enseña a sus discípulos basándose en un procedimiento científico, sea un médico que sabe cómo curar a los enfermos de su tiempo:

 

Por eso yo, don Juan, hijo del infante don Manuel y Adelantado Mayor de la frontera del Reino de Murcia, escribí este libro con las palabras más hermosas […]. De esta manera, con ayuda de Dios, escribiré este libro, que a los que lo lean, si se deleitan con sus enseñanzas, y a los que, por el contrario, no las comprendan, al leerlo, atraídos por la dulzura de su estilo, no pudiendo tampoco dejar de leer lo provechoso que con ella se mezcla, aunque no quieran, aprenderán, como el hígado y los demás órganos se benefician con las medicinas que están mezcladas a las cosas que ellos prefieren (D. J. Manuel, 1335: p. 18).

 

No obstante, muchas de sus enseñanzas son tan generales que no permanecen en la clase noble, sino que llegan a quienes las leen, independientemente de su condición social. Cuando leemos El conde Lucanor, nos damos cuenta de que los cuentos de Patronio son más bien fábulas escritas dentro de la historia. En lugar de usar el término «fábulas», don Juan Manuel prefiere utilizar el término «cuentos». El mérito principal del cuento reside en la variedad de las pinturas, la delicadeza de la broma, la vivacidad, la idoneidad del estilo y el contraste agudo de los acontecimientos (M. J. Talavera, 2010: pp. 1-7). Pero la diferencia es que los cuentos de El conde Lucanor no se focalizan en el elemento fantástico o maravilloso. Transmiten directamente las concepciones políticas, ideológicas, religiosas y sociales de Don Juan Manuel mediante el personaje Patronio. La historia de Patronio revela los fundamentos del cuento en la obra de don Juan Manuel. El primer elemento que llama la atención es la función de los personajes de la obra en prosa. El papel que desempeña cada personaje sirve de espejo para Lucanor y el lector, con el fin de reconocer, identificar y luego rechazar los vicios de los hombres que son fuente de malestar social. Por medio de la estructura de los cuentos, El conde Lucanor corresponde mucho más a las fábulas. En efecto, una fábula es un relato corto en verso o prosa que pretende dar una lección de vida mediante la moraleja :

 

La fábula se construye sobre una estructura básica definida. […]. El fabulista se mueve con mayor libertad en recursos y contenido. Sin embargo, aunque numerosos ejemplos queden fuera de la estructura elemental, la configuración es válida y comprende los principios técnico-literarios del género. Intervienen en la fábula: a) Personajes. b) Acciones (actos o sucesos). c) Objetos demostrativos. d) Moraleja (principio, precepto, axioma, tesis...). Los animales son los personajes más abundantes, pero no los únicos […] la moraleja es la tesis de la fábula, expresada en un juicio, precepto, observación, proverbio, conclusión, axioma, instrucción, sentencia y otros términos próximos. El desarrollo de las fábulas es la demostración de la tesis. La moraleja puede ser explícita o tácita (J. C. Dido, 2009).

 

La moraleja que está al final o al principio de la fábula puede ser implícita, por lo que el lector debe liberarlo él mismo, pero también puede ser explícita como en la obra de Don Juan Manuel. Sus cincuenta y un cuentos terminan por proverbios. Sin embargo, aunque poseen rasgos comunes, las fábulas de Don Juan Manuel son formalmente diferentes de las del Esopo, del francés Jean de La Fontaine, o de los españoles Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego (F. Rodríguez, 2005: pp. 25-53). En la obra, vemos que Patronio no es amigo del Conde y, por consiguiente, no puede ser su igual. Ambos no pertenecen al mismo mundo. Más bien, Patronio es un doméstico que depende de su amo. Su único valor reside en los buenos consejos dados que le permiten a su señor gobernar sin dificultad su territorio (P. Rochwert-Zuili, 2011). Siempre Lucanor se dirige a su consejero diciendo «vos» y Patronio, a su vez, responde por «Señor Conde Lucanor». El conde Lucanor se caracteriza por el enfoque moralista. Por ejemplo, en el Cuento I . Lo que sucedió a un rey con un ministro suyo", descubrimos cómo Patronio logra enseñarle al conde Lucanor que la vida de los cortesanos está marcada por golpes bajos, trampas, intrigas y mentiras traicioneras. Sus pérfidos rivales y enemigos quieren desacreditar a un opositor potencial con el objetivo de apropiarse de su territorio o complacer al rey. Todas las historias, del « cuento I » al « cuento LX », se presentan en los marcos espacio-temporales de la España medieval. Además, las descripciones oscilan entre la objetividad y la subjetividad con respecto a la expresión de los juicios e impresiones que surgen a lo largo de la narración. La narración moralista se realiza más a menudo en tercera persona, ya que el narrador se presenta como testigo objetivo de los eventos que cuenta sin haber participado en ellos. En consecuencia, forma parte de la historia y, a su vez, establece una especie de pacto de verdad con el lector que loa al caballero digno de este nombre. Resalta la importancia del relato:

 

Le récit, comme beaucoup d’autres dans El conde Lucanor, adopte un tour paradoxal. Il valorise finalement le chevalier le plus passif, à l’encontre du modèle de hardiesse qui caractérise en principe l’aventure chevaleresque. De même, la peur n’est pas ici envisagée comme le moteur de la fuite, mais comme celui de l’attaque irréfléchie. Or, les deux sources historiographiques que Don Juan Manuel a combinées pour écrire […] véhiculent un système de valeurs bien différent (O. Biaggini, 2016).

 

Así, el lector tiene la impresión de que los hechos contados ocurrieron realmente y parecen compartir los sentimientos y las aspiraciones. Es imposible dudar de la palabra y, por lo tanto, de los consejos de Patronio, que desempeña el doble papel de narrador, insertando una narración precisa en la historia general. Hay ejemplos en los que la narración se realiza en tercera persona, además de la presencia de una narración en la que hay una alternancia entre la narrativa interna y externa. En el caso de Don Juan Manuel, vemos que estas tendencias aparecen en todos los cuentos. Además, los cuentos o fábulas de Don Juan Manuel se caracterizan por la presencia de varios niveles de lenguaje que se relacionan con la práctica o el ejercicio del poder político y la gestión social a la luz del código jurídico del medioevo. Mediante lo que dice Patronio, se destaca un orden jurídico medieval basado en un sistema de valores que reflejan la vida cotidiana. Pues, « en este sentido, el medioevo es una mentalidad jurídica, en donde se funden todos los campos de la experiencia para la formación del derecho » (R. Pérez, 2004: p. 277) y Patronio lo demuestra a su señor Lucanor que debe dirigir sin desorden su territorio. Así, en primer lugar, el locutor Patronio opera por la magia del verbo una afirmación que se pone en conocimiento del conde Lucanor, pero en realidad del lector público, mediante la información sobre un fenómeno específico. Además, hay elementos de orden público caracterizados por el orden, la justicia y el bienestar del pueblo que siempre Lucanor tiene que buscar.  Al actuar de esta manera, podrá evitar toda forma de disturbios dentro de su territorio y mantener buenas relaciones con sus vecinos. En caso de que haya enemigos exteriores, Lucanor debe hacer prueba de inteligencia sea para firmar con ellos pactos o alianzas, sea para combatir y vencerlos. Según Patronio, Lucanor debe basar en la vida de personajes históricos cuyas acciones constituyen referencias para poder salir victorioso:

 

- Señor conde – respondió Patronio -, aunque tenéis mucha razón en lo que decís, me gustaría que supierais lo que dijo una vez el conde Fernán González a Nuño Laínez.

El conde le rogó que se lo contara.

- Señor conde – comenzó Patronio -, estando el conde Fernán González, que había pasado muchos trabajos por defender su tierra […]. Al conde le agradó mucho lo que Patronio le aconsejó (D. J. Manuel, 1335: p. 68).

 

La técnica de escritura de Don Juan Manuel también se apoya en los medios de expresión a través del uso de muchos verbos utilizados en primera persona y en el tiempo presente del indicativo, que en sí mismo constituye una prueba concreta. La evocación del problema que socava al conde Lucanor se caracteriza siempre por la fórmula que es « por el buen entendimiento que Dios os ha dado os ruego me digáis qué es lo que os parece que más me conviene » (D. J. Manuel, 1335: p. 77). Frente a la preocupación del Conde Lucanor, Patronio siempre propone una solución al problema basada en un cuento, en realidad una fábula. Aunque el narrador principal no describe al conde y al consejero, tanto a nivel físico como psicológico, es fácil caracterizar al primero como un joven noble, muy poco crítico, y al segundo como un hombre maduro, probablemente un anciano, con mucha sabiduría y grandes dotes de sentido común. Además, el narrador relata la reacción positiva del conde Lucanor a través de la fórmula repetida a lo largo de la obra « el conde le pidió que se lo contara » (D. J. Manuel, 1335: p. 32, p. 36, p. 42, p. 103). Ciertamente, hay un gusto pronunciado en la escritura de Don Juan Manuel por el acto del lenguaje indirecto con, como consecuencia, la presencia de presuposiciones e insinuaciones que revelan la noción de lo implícito mediante las palabras del segundo personaje-narrador que es Patronio. Por una parte, Patronio es el narrador secundario porque intercala su relato en el del narrador principal de la obra. Por otra parte, es personaje porque cuenta y actúa a lo largo de la trama del cuento en El conde Lucanor. No cambia su manera de contestar cuando a él le pide consejo Lucanor y siempre formula, más o menos, su respuesta de la manera siguiente: «- Señor conde Lucanor – respondió Patronio -, para hacer lo que más os conviene os convendría saber lo que sucedió a […]» (D. J. Manuel, 1335: p. 77). Gracias a esta fórmula importante en el proceso comunicativo[7]. Patronio le presenta al conde la necesidad de encontrar la solución eficaz ante el problema planteado mediante la reflexión propia del noble cuando termine el cuento. Así, al leer los cuentos, vemos que Patronio, actuando como otro narrador, se expresa a través de una insinuación irónica que puede ser detectada desde el contexto. Pero en realidad, estas insinuaciones se convierten en actos explícitos, ya que el oyente se forma automáticamente una opinión basada en un verdadero criterio que no se discute. Sin ninguna duda, la referencia a la presunción en sus frases declarativas no se presenta como información nueva. Por ejemplo, lo vemos en sus consejos sobre la fama. Dice: «Vos, señor conde, pues tenéis que morir, nunca dejaréis por consejo mío de sacrificar deleites o descanso a trabajar que os sirvan para ganar fama» (D. J. Manuel, 1335: p. 68). El objetivo de esta técnica reposa en el deseo de Don Juan Manual de evitar cualquier tipo de malentendido, sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto no puede ser negado porque está arraigado en la lengua y el imaginario colectivo español. En efecto,

 

Si les présupposés se réfèrent implicitement au posé, tout en étant inscrits dans l’énoncé, les sous-entendus s’actualisent seulement dans certaines circonstances énonciatives caractéristiques. Ils sont en quelque sorte en opposition par rapport aux présupposés, surtout en ce qui concerne leur rapport au besoin d’endosser la responsabilité de l’interprétation faite par le destinataire à partir d’un énoncé entendu. Si un présupposé peut toujours être contesté par le locuteur, ce n’est pas le cas pour les sous-entendus (M. Skibick, 2009: p. 144).

 

El siguiente pasaje relacionado, que remite al cuento del rey tonto engañado por ladrones, nos muestra cómo el narrador y los personajes hablan al lector de El conde Lucanor:

 

A los pocos días de esto estaba unos hombros riéndose y de broma. Ocurríoseles escribir los nombres de todos los que conocían, a un lado los valientes, a otro los ricos, a otro los sabios y así de todas las demás cualidades. Al hacer la lista de los tontos pusieron el primero al rey. Cuando éste lo supo los mandó llamar y, asegurándoles que no les haría daño alguno por ello, les preguntó por qué le habían puesto entre los tontos. Ellos contestaron que por haber dado tanto dinero a quien no conocía (D. J. Manuel, 1335: p. 79).

 

Con motivo de hacer resaltar los vínculos lógicos explícitos e implícitos, las fábulas o cuentos de El conde Lucanor se caracterizan por la presencia de cinco vínculos lógicos. Se trata de causa, consecuencia, oposición, adición y alternativa. En cuanto a la causa, consecuencia y oposición, cabe señalar que el narrador del personaje utiliza complementos y conectores circunstanciales como conjunciones de coordinación y adverbios a nivel del enlace lógico explícito. En cuanto al vínculo lógico implícito, sólo la yuxtaposición por la presencia de dos puntos, punto y coma permite ver esto en el texto de Don Juan Manuel. Así, la obra en prosa del escritor medieval presenta un verdadero marco espacio-temporal, sin olvidar la presencia de personajes anclados en la realidad que se expresan como les parece. Gracias a esta técnica, el efecto de la realidad histórica da más fuerza a las palabras de Patronio como las referencias a las ciudades o aldeas de la Península. Cita a «Burgos» dirigida por los cristianos (D. J. Manuel, 1335: p. 68) o  «Sevilla» controlada por los musulmanes y a punto de ser invadida por el rey cristiano Don Fernando[8] (D. J. Manuel, 1335: p. 68). A partir de esta realidad, que se basa en personajes históricos o en animales y objetos personificados, se producen acontecimientos que siempre aparecen bajo el prisma de un prisma bueno/malo para difundir una moral. Es en este sentido que en El conde Lucanor, Don Juan Manuel saca a relucir el registro didáctico que el lector espera (A. López, 2013: pp. 268-291). Aunque la historia es la parte de la narrativa que lleva todo el peso didáctico, el marco circundante, en el que se sitúa el conde Lucanor y Patronio, es el que establece su aplicación práctica a un caso concreto. La historia es universal, el marco es particular, aunque puede generalizarse. En el caso de Don Juan Manuel, el registro didáctico pretende ante todo educar al lector presentándole una visión única del mundo de la Edad Media en la Península Ibérica. Las situaciones dialogadas y la narración permiten al lector darse cuenta de que los temas principales o preguntas candentes son abordados directamente por los personajes de Don Juan Manuel. Las palabras de Patronio están, por un lado, puntuadas por conectores lógicos, enumeraciones, acumulaciones, hipérboles, metáforas y comparaciones y, por otro, puestas al servicio de ejemplos o argumentos cuyo objetivo principal es capturar la imaginación del lector que es guiado a lo largo de la historia.

 

Ce qui nous intéresse ici c’est que l’auteur a recours à une dramaturgie narrative du conseil : pour que le conseil surgisse du masque du déguisement, il faut que la construction d’un personnage fictif – qui se met en scène lui-même – intensifie la mise à l’épreuve et parvienne à susciter une prise de conscience, sorte de catharsis, qui ouvre les yeux, qui donne à voir, autant aux personnages qu’au lecteur. Une tromperie à but moral se déploie sous nos yeux. La morale n’est pas formulée de manière univoque et plate, elle transparaît dans l’éclat équivoque du micro-spectacle raconté (M. Torres, 2016).

 

De ahí la importancia didáctica de la obra de Don Juan Manuel, el narrador relata la intervención directa en su texto a través de la intromisión de las distintas frases moralistas que cierran cada cuento: «Viendo don Juan que esta historia era buena, la hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así» (D. J. Manuel, 1335: p. 26, p. 30, p. 40, p. 48). Esto significa que el autor de la obra en prosa, el propio Don Juan Manuel, tiene su acción reportada por el narrador de su propio texto. El lector asiste a una especie de duplicación que hace pasar al autor como un simple personaje que, marcado por la historia de los diálogos entre Patronio y el conde Lucanor, se apodera de su propia creación literaria para penetrar mejor en ella con motivo de evangelizar, sin ninguna duda, a sus contemporáneos. Es la razón por la cual resalta la vocación religiosa que surge de sus varios cuentos expuestos en El conde Lucanor.

 

 

3. La vocación religiosa de El conde Lucanor

 

Desde nuestro punto de vista, el objetivo pedagógico del cuento de Don Juan Manuel traspasa las fronteras de la pura ficción para convertirse en un código moralista a la luz de la fe cristiana. Sus diferentes cuentos se perciben como claves de lectura que ofrecen al lector la posibilidad de darse cuenta de la necesidad de adherirse al proyecto educativo del autor que consiste en producir un hombre nuevo, creyente, alejado de los vicios y capaz de discernir entre el bien y el mal. El cuento no es más que un canal que transmite el concepto del buen cristiano. Es en este sentido que las diferentes intervenciones de los personajes están salpicadas de combinaciones de términos bíblicos, hiperbólicos y de imágenes altamente valorizantes o devaluadoras que tienden a mostrar al ser humano confrontado con el mal o el bien. El personaje Lucanor lo resume cuando dice:

 

Patronio, bien sé qué Dios me ha dado mucho más de lo que merezco y que en todas las demás cosas sólo tengo motivos para estar muy satisfecho, pero a veces me encuentro tan necesitado de dinero que no importaría dejar esta vida. Os pido que me deis algún consejo para remediar esta aflicción mía (D. J. Manuel, 1335: p. 48).

 

El problema que tiene Lucanor es la constante vacilación del ser humano entre el bien y el mal, ante la influencia del dinero y los bienes materiales. No olvidemos que «la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejar llevarse de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos» (Biblia de Jerusalén, 2009: 1 Timoteo 6 versículo 10). La contradicción interna que tormenta al personaje Lucanor simboliza al ser humano desgarrado entre el bien y el mal, pero que, sin embargo, tiene la capacidad de decidir su orientación, sus elecciones siempre basadas en un frío análisis de la situación. Además, el íncipit del relato pedagógico-didáctico de Don Juan Manuel proporciona una cierta cantidad de información. El más importante está relacionado con el juego de preguntas y respuestas del Conde y su consejero Patronio :

 

Le comte Lucanor est assailli par une interrogation souvent posée par une situation vitale, sociale, politique, existentielle, concrète. Un jeu de poupées russes, de mises en abyme, structure le tout. La dramatisation vient tout d’abord de la brièveté, de la rapidité du discours narratif cadre : le narrateur à la troisième personne, l’auteur en arrière-plan, mettent Lucanor et Patronio rapidement face à face, avec peu de détails, et le problème, le cas conflictuel à résoudre, est présenté (M. Torres, 2016).

 

En todos los cuentos hay un escenario real que es la España medieval. En El conde Lucanor, está escrito que la ciudad y el campo de la Península Ibérica siguen siendo los mejores lugares para aprender de la vida a través de experiencias individuales y colectivas para aquellos que quieren salir de los meandros de la vida. En otras palabras, aprender sobre la vida comienza tan pronto como te tomas la molestia de observar a tu alrededor. Pero estas referencias al mundo rural y/o urbano no se limitan al universo cristiano, sino que también tienen en cuenta el mundo árabe-musulmán y el judío en la gestión del poder político:

 

Hubo en Córdoba un rey llamado Alhaquen. Aunque mantenía en paz su reino, no se esforzaba por ilustrar su nombre ni alcanzar fama, como deben hacer los buenos reyes, que no están solo obligados a conservar lo que han heredado, sino a acrecentarlo por medios lícitos y a esforzarse por ser en su vida muy alabados y porque después de su muerte quede memoria de sus grandes hechos. […]. Entonces, como la mezquita de Córdoba aún no estaba acabada, le añadió todo lo que le faltaba y la terminó. Esta es la mayor y la más hermosa de las mezquitas que tenían los moros en España. Gracias a Dios, ahora esta convertida en catedral de Córdoba. Fue consagrada a Nuestra Señora por el santo rey don Fernando cuando ganó esta ciudad a los moros. Cuando el rey Alhaquen hubo terminado la mezquita (D. J. Manuel, 1335: pp. 150-151).

 

El pasaje revela un mensaje claramente resaltado: la victoria religiosa de la Iglesia Católica sobre el islam. Pero al mismo tiempo, las victorias de los reyes cristianos sobre los musulmanes sirven insidiosamente para glorificar su acción, cuyo objetivo es rechazar a los musulmanes de España para perpetuar el cristianismo, fuente de salvación para el alma. La acción del señor cristiano debe llevarse a cabo siempre en correlación con la lucha cristiana por la salvación del alma después de la muerte, como lo indica, por ejemplo, el párrafo siguiente:

Los moros, al verles venir contra ellos sin temor la muerte y con tanto denuedo, no se atrevieron a esperarlos y, desamparando el puerto, empezaron a huir. Los cristianos, ya en el puerto, mataron a muchos que pudieron alcanzar y quedaron victoriosos, y de esta manera prestaron a Dios un notable servicio. […]. Y si murierais en servicio de Dios, haciendo esta vida, seréis mártir y alcanzaréis la bienaventuranza y, aunque no muráis peleando, el deseo de ello y vuestras buenas obras os harán mártir. […]. Ya os he dado, señor conde, como me pedisteis, mi opinión sobre el modo de salvar el alma, según vuestro estado. […]. Viendo don Juan la sana doctrina de este cuento, lo mandó poner en este libro y escribió estos versos que la sintetizan y que dicen así:

Quien se tenga por caballero,

Debe tratar de emular este salto,

Y no encerrarse en un monasterio

A servir a Dios tras muro alto (D. J. Manuel, 1335: pp. 34-35).

El texto muestra que Don Juan Manuel domina tanto la narrativa como la poesía. La moraleja, presentada bajo la forma de versos, remite a la necesidad de ser buen cristiano. El hilo conductor de muchos cuentos religiosos recuerda la profesión de fe cristiana según la cual es a través de la sangre de Jesucristo, que murió en la cruz pero resucitó al tercer día, que toda la humanidad se salva (A. Castaño, 2015: pp. 123-150).  Tal es la visión del escritor Don Juan Manuel quien aceptar transcribir, siguiendo una forma mezclada de crónica narrativa y versos poéticos, la totalidad de lo que relata Patronio. Pues, a través de las palabras y expresiones de Patronio, brotan las ideologías religiosas y de las realidades socio-políticas de su tiempo. La elección en la narrativa manuelina tanto del punto de vista interno como externo crea un efecto de suspenso, sobre todo porque el lector no tiene, a priori, ninguna información sobre la próxima trama y, por lo tanto, se pregunta qué sucederá a continuación. El uso de la primera y tercera personas permite al lector experimentar lo que siente Patronio, el narrador de la narrativa intercalada. El proceso de identificación entre el lector y el narrador es tanto más marcado cuanto que ambas historias se presentan en forma de diario, es decir, un texto en el que los narradores se revelan sin mentir. Del mismo modo, los diálogos entre Lucanor y Patronio, que marcan la pauta, son seguidos de preguntas y respuestas, individuales y colectivas, cuyo objetivo es invitar al lector a hacerse las mismas preguntas y a adherirse a las respuestas dadas por Patronio. Así surge la característica didáctico-pedagógica, que se manifiesta por la posición de las palabras dentro de las frases. En primer lugar, en las frases, las palabras que designan al personaje ávido de conocimiento, en este caso el Conde Lucanor, pueden estar en condiciones de complementar el objeto directo del verbo. Esto demuestra, primero, que está sujeto a la acción de Patronio, mientras que él mismo es el amo. Segundo, se ve que el objetivo de Patronio es instruir a su poderoso señor que, paradójicamente, manifiesta su incapacidad para gobernar adecuadamente su territorio sin el apoyo, a través de sabios consejos, de su consejero. Por ejemplo, en el cuento XIV, entre otros, Patronio le enseña a su señor la necesidad de tener confianza en la intercesión de los Santos reconocidos por la Iglesia Católica como «Santo Domingo» (D. J. Manuel, 1335: p. 61) y leer la Biblia, sobre todo «el texto evangélico» (D. J. Manuel, 1335: p. 61). Pues, El conde Lucanor se transforma en un código filosófico-religioso. Mediante el discurso filosófico entre Lucanor y Patronio, que remite a una situación similar a la percepción hegeliana de las relaciones dependencia mutua entre amo y esclavo (A. Kojève, 1947: pp. 179-180), se aplica también a la obra de Don Juan Manuel la idea hegeliana según la cual una obra puede ser « un viaje de descubrimiento » y « la ciencia de la experiencia de la conciencia » (R. Ribera, 1998: p. 43). Es la razón por la cual el personaje Patronio concluye diciendo que «es mejor reunir un tesoro de buenas obras con […] la gracia de Dios y la buena fama» (D. J. Manuel, 1335: p. 62). Además, la obra en prosa de don Juan Manuel está puntuado por frases exclamatorias, interrogativas y afirmativas que ponen de relieve la técnica de formateo utilizada por Patronio sobre Lord Lucanor, que sin duda se refiere al campo léxico de la educación religiosa. La progresión educativa sobre el modelo bíblico es perceptible ya que las preguntas tocan varias áreas de la fe cristiana centradas en la persona de Lucanor y el autor Don Juan Manuel:

El conde tuvo ésta por buena doctrina y le pidió a Dios que le ayudara a hacer obras que salvaran sus almas y aumentara su fama, honra y dignidad. Como don Juan vio que esta historia era buena la hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

Haz siempre bien y evita la ocasión

De que duden de tu buena condición (D. J. Manuel, 1335: 174).

 

Don Juan Manuel sigue una progresión que no es diferente de la técnica utilizada por los sapienciales, un grupo de libros bíblicos caracterizados por su unidad formal y temática. En efecto, estos son los cinco libros del Antiguo Testamento, a saber, el libro de Job, los Proverbios, Eclesiastés, Eclesiastés, Eclesiástico y el libro de la Sabiduría. Sin embargo, los Salmos y el Cantar de los Cantares también se incluyen en esta categoría, marcando una forma de pensamiento semita: la formación del discipulado a través del consejo proverbial (García 2010: 5-20). Es esta característica del discípulo que escucha y aplica los proverbios del maestro que hace del texto literario de Don Juan Manuel una obra similar a los libros sapienciales, pero con la mirada a una existencia humana dirigida por Jesucristo. En efecto,

 

Le disciple est d'abord quelqu'un qui a cru en Christ. Une personne qui, hors de tout doute, a remis sa vie à Christ. Ensuite, un disciple est celui qui acclame Jésus non seulement comme son Sauveur, mais aussi comme son Seigneur. […]. Conscient de ce que Christ a commandé, le nouveau  converti  soumet  sa  volonté  à  celle  de  Dieu.  Finalement  un disciple est celui  qui  devient un  membre engagé  dans son Église. Ce dernier trait est celui qui objective les deux premiers. Il est ultimement la mesure de la véracité de la conversion et, par le fait même, celui de la croissance (G. Marcouiller, 2017: 35).

 

El ejemplo más llamativo de discipulado en El conde Lucanor aparece en el Cuento I. ¿En qué sentido? En este cuento, el conde Lucanor habla a solas con su consejero, Patronio, y le dice a él que un señor rico y poderoso se jacta de ser su amigo. Debido a su afecto por él, este supuesto amigo quiere venderle sus tierras y confiarle parte de ellas para que las administrara durante su ausencia. Lucanor, contento con tal propuesta, estaba a punto de ceder a la atractiva propuesta, pero necesita el punto de vista de su consejero Patronio. Sospechando una trampa, Patronio le narra al conde Lucanor la historia de un caso muy similar basado en la relación entre un rey y uno de sus ministros. La fábula de Patronio revela que el rey que confía en uno de sus ministros. Pero hombres muy envidiosos, en realidad cortesanos celosos, tratan de dañar esta buena relación con las calumnias que finalmente logran su objetivo. De hecho, después de escuchar estas calumnias, el rey está enojado y decide castigar al ministro supuesto infiel. Para justificar el sospecho y el castigo, elabora un plan aconsejado por los cortesanos celosos. El plan consiste en hacer saber al ministro la voluntad del rey de abdicar en nombre de un imperativo religioso, el de convertirse en monje para la redención de su alma y la expiación de sus culpas terrenales. El rey informa al ministro que lo deje a cargo de gobernar su reino y de cuidar a la reina y al príncipe heredero. El ministro, feliz de poder gobernar el reino a su antojo, acepta la propuesta dentro de sí mismo, pero impulsado por una inspiración, decide abrirse a su consejero. Este último lo convence de que rechace la propuesta, que es una trampa tendida por cortesanos celosos. Le sugiere que se vista como un monje e informe al rey de su voluntad de ser su sirviente durante su retiro espiritual. Al día siguiente, totalmente disfrazado, se levanta temprano para llamar al rey y le dice que viajará con él para servirle como lo exigen las reglas del sistema feudal y la palabra de Dios[9]. Entonces el rey, conmovido por su lealtad, le hace saber que ha sido una prueba para confirmar su lealtad, dañada por las calumnias de otros ministros. Patronio le comenta al conde Lucanor que la misma situación se ha repetido con la propuesta de este poderoso señor. La ventaja de este cuento fabulista radica en el hecho de que prepara el escenario para un intercambio entre un neófito, Lucanor, y un sabio maestro, Patronio. Es la razón por la cual Lucanor termina adhiriéndose al consejo de Patronio. En la historia que Patronio cuenta, el ministro insiste en su voluntad de seguir sirviendo al rey. En efecto, al decidir optar por la vida monástica, el ministro deja claro que sólo la decisión tomada al conocerla debe ser considerada como el camino real hacia el fin del conocimiento. Si el rey ha decidido retirarse y huir de los deseos terrenales, entonces el ministro, como su fiel discípulo, sólo puede seguirlo en sus decisiones:

 

El ministro le dijo que recordara que le había anunciado que se quería ir del país y que, pues estaba decidido a ello, no quería Dios que pusiera en olvido lo que le debía, sino que, lo mismo que hasta entonces había participado de su grandeza y prosperidad, participara de las privaciones y del destierro que iba a imponerse. Si a él, que era rey, padre y marido, no le daban lastima su mujer, su hijo ni su reino, tampoco debían dársela a su ministro. Por lo cual había resuelto irse con él y servirle de modo que nadie lo notara. Para esto tenia tanto dinero cosido en su ropa que les bastaría por mucho que vivieran (D. J. Manuel, 1335: p. 25).

 

El ministro, feliz de poder gobernar el reino a su antojo, acepta la propuesta dentro de sí mismo, pero impulsado por una sabia decisión, decide abrirse a su asesor. Este último lo convenció de que rechazara la propuesta, que era una trampa tendida por cortesanos celosos. Le sugirió que se vistiera como un monje e informara al rey de su voluntad de ser su sirviente durante su retiro espiritual. Al día siguiente, se levantó temprano para llamar al rey y le dijo que iba a ir con él para servirle como lo exigen las reglas del sistema feudal. Entonces el rey, conmovido por su lealtad, le hizo saber que era una prueba para confirmar su lealtad, dañada por las calumnias de otros ministros. Patronio le explica al conde Lucanor que la misma situación se repite con la propuesta de este poderoso señor. La ventaja de esta historia radica en el hecho de que prepara el escenario para un intercambio entre un neófito, Lucanor, y un sabio maestro, Patronio. Al igual que en este cuento, el Conde Lucanor termina adhiriéndose a todos los consejos de Patronio. Eso es el objetivo del uso por don Juan Manual de una técnica literaria semejante a la de los Sapienciales:

 

Si el destinatario de los Ejemplos y el de los Proverbios fuera el mismo personaje, habría que suponer que el receptor, el público, era también el mismo. Pero no olvidemos que, aunque el procedimiento narrativo estructural es similar, no es, en absoluto, idéntico. El conde Lucanor ya no pregunta por la solución de un problema concreto; es más, falta completamente la intervención del mismo en la segunda parte. Tampoco creemos que esta segunda parte sea un puro ejercicio lingüístico. En consecuencia, con lo dicho hasta ahora, hemos de partir del análisis de los Proverbios, estudiar sus procedimientos expresivos, para intentar desentrañar, en lo posible, la realización lingüística de la oscuridad de don Juan Manuel. Ya conocemos el recurso empleado: la utilización de las máximas sapienciales y, en menor medida, del refrán (M. Ariza, 1983: p. 13).

 

Así pues, El conde Lucanor posee los rasgos de una escritura que ilumina el destino de los individuos desde la experiencia personal, la reflexión filosófica y el arte de vivir bien según los mandamientos divinos manifestados en la persona de Jesucristo. Los proverbios, frases y máximas de Patronio enseñan al lector a ser capaz de cumplir con el orden divino y le dan las claves para ser feliz evitando caer en las trampas de posibles enemigos. Siguiendo los preceptos decretados por el sabio Patronio, Lucanor podrá obtener una doble recompensa positiva: la de la tierra por los honores recibidos y la de los celestiales por su entrada en el paraíso. Es precisamente en esta perspectiva que los libros sapienciales de la Biblia están escritos. En efecto,

 

La destinée des individus étant la préoccupation dominante des sages, le problème de la rétribution avait pour eux une importance capitale. […]. Dans les parties anciennes des Proverbes, la sagesse, c’est-à-dire la justice, conduit nécessairement au bonheur, et la folie, c’est-à-dire l’iniquité, mène à la ruine. C’est Dieu qui récompense ainsi les bons et qui punit les méchants (Bible de Jérusalem, 1990: p. 658).

 

Don Juan Manuel opta por el referente religioso puesto que es cristiano. El personaje clave de la obra busca siempre explicar el origen y las consecuencias positivas de una acción orientada hacia la única gloria de Dios y, como resultado, llega a la conclusión de la existencia, junto a los hombres, de fuerzas sobrenaturales positivas, representadas por los ángeles, y negativas, es decir los demonios (C. Kappler, 2004). La propensión de Don Juan Manuel a apoyarse en referencias bíblicas y dogmas católicos tiende a demostrar su creencia en el cristianismo. En efecto, no olvidemos que los escritores españoles de la Edad Media transmiten los preceptos del cristianismo para luchar contra la progresión de la fe musulmana y judía. Para ellos, sólo debe prevalecer la religión cristiana. A partir de los diferentes campos léxicos de redención y salvación del alma que surgen de la obra entera, Don Juan Manuel muestra que el alma del cristiano perfecto se eleva inevitablemente al cielo. Esto equivale a subrayar que el consejero, siguiendo el modelo de un exorcista, le entrega a Lucanor, las armas espirituales utilizadas por la Iglesia para derrotar a los malos espíritus. Las evocaciones a los ángeles de Dios, a los santos mártires y a la Virgen María son oraciones hechas a Dios y su eficacia está probada según Patronio. Además, surge otra lectura religiosa de la obra de Don Juan Manuel por las referencias a la verdadera fe, a la esperanza y a la práctica de la caridad que son las tres virtudes teologales a las que todo cristiano debe aspirar (N. Martínez-Gayol, 2013: pp. 713-754). Frente a la acción negativa de sus enemigos en el espacio peninsular, Patronio le recuerda a su señor que no debe ser molestado y asustado porque su fe en Jesucristo le permitirá mantener su serenidad. El hecho de poder dominar este temor fortalecerá su fe y revelará, por consiguiente, la piedad que es consustancial al poder político y a la acción social.

 

Conclusión

 

La obra en prosa de Don Juan Manuel sirve de medio para la enseñanza de buenas actitudes sociopolíticas y religiosas. Desde entonces, El conde Lucanor se convierte en una obra ejemplar que denuncia las malas conductas humanas desde una doble perspectiva evangelizadora y sociopolítica de tal manera que «le complexe religion-politique est unifié par le biais de la notion de société, il forme une unité dans laquelle la société (la collectivité) et la morale, le religieux et le politique sont unis» (H. Tyrell, 2013: p. 2). El prosista medieval se convierte en un perceptor de sus conciudadanos. Los cuentos de Don Juan Manuel constituyen, sin ninguna duda, una fuente importante para conocer mejor los códigos de la España medieval. Sabe contar el vivir cotidiano de los nobles y del papel social, histórico y religioso que deben desempeñar. Sin embargo, su obra en prosa no se limita a la única persona del noble sino toma en cuenta la población en sus categorías sociales por el mensaje moralizador que revela. La innovación del escritor medieval se ve cuando, a pesar de que El conde Lucanor se basa en la prosa propiamente dicha, surgen, con los refranes y proverbios, un gusto por las rimas poéticas. La mezcla de narración y versos recuerda la importancia de la canción de gesta y los mesteres de clerecía, juglaría y cortesía. El interés del estudio de esta obra reside en la creación de un género literario que tendrá un gran éxito en los siglos posteriores.

 

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[1] La presencia de los judíos en la Península remonta a la época de la Hispania Romana.Este término se debe a la conquista de la Península por los Romanos del año 218 antes de Jesús Cristo a principios del siglo V, con la llegada de los Visigodos, nueva fuerza politica y militar. A lo largo de este extenso periodo de siete siglos, tanto la población como la organización política del territorio hispánico sufrieron profundos e irreversibles cambios, y quedaría marcado para siempre con la inconfundible impronta de la cultura y las costumbres romanas (A. García, 1995). Pero, los judíos solían conservar su religión y sus costumbres a pesar de sus antiguos contactos multiseculares con la Península (J. Pérez, 2009).

[2] La presencia musulmana en tierra europea cristiana se explica por el año 711 que marca un verdadero punto de inflexión en la historia literaria y política de la Península Ibérica. De hecho, a la cabeza de decenas de miles de soldados, Tarik cruza el Mediterráneo y desde allí comienza la conquista musulmana de este territorio europeo hasta 1492 cuando cayó la última gran fortaleza musulmana, el reino de Granada (M. A. Pérez, 2013).

[3] El vasallo es obligado a pagar feudo. Se trata del súbdito de un soberano o de cualquier otro tipo de gobierno supremo, y el mismo es unido a algún señor noble a través de un vínculo de vasallaje. El vasallo era el hombre que pedía protección a un noble de categoría superior, desde el punto de vista de la jerarquía social, y a quien le jura fidelidad en su favor. Ambos establecen un contrato de vasallaje que implica obligaciones mutuas. El señor concede el usufructo de un feudo al vasallo, quien lo administraba y aprovechaba sus rentas aunque sin tener la propiedad. El señor recibe parte de la producción agraria a cambio. Los textos literarios de don Juan Manuel, Gonzalo de Berceo y los demás escritores medievales exponen personajes y tramas que permiten reflexionar sobre el funcionamiento y los modos de pensamiento medievales a la luz de las acciones y actitudes de los personajes (J. J. Prat, 2004: 77-88).

[4]  La Edad Media se articula en Toledo en tres grandes etapas bien diferenciadas según el dominador. Una primera etapa, desde el siglo V hasta el siglo VIII, de dominio visigodo, que convertiría a la ciudad en la capital de su reino. Una segunda etapa de dominio musulmán, primero bajo el poder de los emires y califas de Córdoba para luego formar su propia taifa o reino. La tercera etapa comenzó en el siglo XI con la conquista de la ciudad por Alfonso VI y deja a Toledo bajo el definitivo dominio cristiano.

[5] Hay, entre otras cosas, Conde Lucanor (1335), Libro de la caça (1326), Libro del cavallero et del escudero (1326-1328), Libro de los estados (1330), Libro de las armas o de las tres razones (1336), Libro enfenido (1336-1337), Tratado de la Asunción de la Virgen María (1336), Libro de la cavallería (1326), Libro de los sabios et Las reglas de trovar (1336). Don Juan Manuel toma en cuenta la producción castellana de la época, incluyendo la obra de su tío Alfonso X y las composiciones poéticas del mester de clerecía tales como el Libro de Apolonio y el Libro de Alexandre que, al criticar los vicios, dan consejos morales sobre el buen comportamiento bajo la mirada divina (I. Uría, 1996: pp. 513-528).

[6] Lo interesante en el aspecto narratológico de la obra de Don Juan Manuel consiste en la presencia de las cinco funciones del narrador. a. La función narrativa puesto que existe un relato, el narrador, presente o no en el texto, asume este papel, apareciendo así como impersonal. / b. La función de control en la medida en que el narrador ejerce una función de gobernabilidad cuando comenta sobre la organización y articulación de su texto, interviniendo en la historia medinate una forma de implicación. /c. La función de comunicación porque el narrador se dirige directamente al lector potencial del texto, para establecer o mantener contacto con él y participa en el proceso comunicativo. / d. La función testimonial en la medida en que el narrador atestigua la verdad de su historia, el grado de precisión de su narración, su certeza sobre los acontecimientos y sus fuentes de información. Esta función también aparece cuando el narrador expresa sus emociones sobre la historia, la relación emocional que tiene con ella. / e. La función ideológica. Aquí el narrador interrumpe su historia para aportar un propósito didáctico, un conocimiento general que concierne a su historia.

 

[7] Observamos que nunca dice Patronio directamente «Señor Lucanor os doy un consejo mediante una fabula o un cuento» como si estuviera expresando una marca de humildad. Se trata, desde nuestro punto de vista, de una estrategia filosófica para que el Lucanor pueda, a través de un trabajo reflexivo, darse cuenta de lo profundo del discurso de Patronio y adherir a la tesis desarrollada por su consejero.

[8] Patronio evoca la toma de Sevilla, ciudad  bajo el dominio  musulmán del Caíd Ataxaf. La ciudad cae en manos del rey cristiano Fernando III de Castilla el 23 de noviembre de 1248, un siglo antes de la publicación de la obra de Don Juan Manuel (M. González, 2006).

[9] La actitud de servidor del ministro es idéntica a la de Eliseo. En efecto, según el libro de los Reyes de la Biblia, Eliseo forma parte de los profetas cuya vida es marcada por una relación estrecha con Dios. Pero  su estatuto profético empieza cuando el profeta Elías, tras el mandamiento divino, decide hacer de él  un discípulo y sucesor. La Biblia revela que durante su vida al lado de Elías, Eliseo ha sido un perfecto servidor y discípulo del profeta. La consecuencia de su total sumisión ha sido la herencia, con doble potencia, de la carga profética después de la ascensión al cielo de Elías en un  carro de fuego.